27. Transición

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transición.

(Del lat. transitĭo, -ōnis).

  1. f. Acción y efecto de pasar de un modo de ser o estar a otro distinto.
  2. f. Paso más o menos rápido de una prueba, idea o materia a otra, en discursos o escritos.
  3. f. Cambio repentino de tono y expresión.

□ V.

terreno de transición

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Transición es el paso de un estado a otro: de un modo de ser o estar a otro, como dice nuestra amiga la RAE. Ser o estar, acción y efecto; ¿ahí está la cuestión?

Cuestiones diversas, de cambios, de tonos y estaciones.

Transiciones hay muchas, la primera que muestra San Google al introducir el término es la española. En termodinámica son los cambios de estado (líquido, sólido, gaseoso y plasma) y en el textil no podía faltar: colección puente puesta a la venta a la par que las rebajas como anticipo de la colección de la próxima temporada.

Hay transiciones impuestas y elegidas, y ésas últimas son las de los valientes, las de los imprescindibles que decía Bertolt Brecht. De las impuestas encontramos la clásica vuelta al cole (veáse cole o trabajo, lo mismo da) y compartiendo tiempo, pero no espacio, a no ser que nos dediquemos por ejemplo a la recolección frutal; la cosecha, que contempla del 21 de agosto hasta el 21 de septiembre como periodo de recolección del fruto que ha crecido a lo largo del año –escribo estas palabras con uvas de moscatel endulzando la tarde, la boca y tal vez hasta los pensamientos, sabrosas herencias familiares, supongo-. Lo mismo ocurre con las ideas, ese pequeño germen que ha ido gestándose; estallando en primavera, creciendo y tomando forma bajo el sol del verano para finalmente resolver qué hacer con ellas. Si vestirlas de colores otoñales y continuarlas en su particular transición hacia un rumbo imprevisto, dejarlas en stand by o asimilarlas como un error y situarlas en la bandeja de aprendizaje.

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De algún modo son y serán las que nos envuelvan en lo que dure el viaje. A veces soñamos con serpientes que dejamos se suban a nuestro camino, nos vestimos de ellas, camuflándolas, o no, convirtiéndolas en el complemento de la temporada, como quien lleva a su chiguagua en el bolso, o a un periquito como estrambótico sombrero.

Serpientes o símbolos, qué más da.

Pero volvamos a la que nos ocupa, el final del verano es tal vez la transición más evidente, primaveras aparte. Mutamos, como las serpientes, desprendiéndonos de nuestra piel, como de un pasado, oscureciendo los días, los colores y cubriéndola de tejidos transitorios que se diseñaron en la transición anterior, cuando brotaba la primavera y florecían las ilusiones para presentarla poco antes de la caída de las hojas, ahora, en este momento previo, (pre fall), poco antes de ese desprendimiento al que los ingleses llaman otoño (fall).

(Hago aquí un pequeño paréntesis del significado de esta palabra: FALL, del inglés: Otoño, además de caída, catarata, nevada, desprendimiento, descenso. Reconozco cierta fascinación de dicha relación de los términos relativamente dantesca hacia una bajada, un ocaso natural; las hojas, el agua, la nieve, las rocas…Pero Vogue nos pone los pies en la tierra desprendiéndonos de la poética simbólica para concretar en lo práctico, aquí tenéis para saber más:

http://www.vogue.es/prefall/temporadas/prefall-2014/76)

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Y del otoño, otoñamos.

otoñar.

(Del lat. autumnāre).

  1. intr. Dicho de una persona: Pasar el otoño.
  2. intr. Dicho de la hierba: Brotar en el otoño.
  3. prnl. Dicho de la tierra: Sazonarse, adquirir tempero, por llover suficientemente en el otoño.

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Rebrotamos tras la caída de la fruta madura, con las ideas en nuestro equipaje.

Todo tránsito es un viaje relativamente desconocido a alguna parte, a algún estado y dicho cambio es deseable que sea la consecuencia de una elección, lo demás es arrastre de mareas muertas.

Y ahí está la magia de este oficio, una transición constante, que regala la oportunidad de volver a levantarse a través de discurso que presenta tan sólo una imagen, la que se construye a través del color, el tono, el estilo y las decisiones; la expresión como consecuencia de un ser y un estar distintos. Sí, muy simbólico, no lo puedo –ni quiero- evitar.

Este no es un artículo sinsentido, es un texto auto-motivacional para el regreso a este mundo de transiciones, que no transacciones, no las mías, ni las nuestras, y es un texto que quiero regalar a mis queridas valientes, ¡otoñemos una y mil veces!

“Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos.”

Hoy 26 Agosto, Cortázar en las palabras perdidas, tendidas al sol, para encontrarlas, para escribirlas y así, poco a poco, recuperar un poco de lo importante, de lo invisible.

Y a veces, incluso, “soñamos con serpietes”…

 

11 comentarios en “27. Transición

  1. La Transición que creíamos, conocer y nunca conoceremos del todo, fue la que transicionó de la “barbarie”, a la “casi-nada”;
    y que nos hizo creer que éramos sujeto y objeto de algo importante.
    Nos quedamos en objeto.
    Me alegro que llames “oficio”, al trabajo que haces y hacemos.
    Muy bien la cita de Cortázar,… en el momento oportuno.

    El intercambiador de Moncloa. (Ó la transición sin acabar)

    • la que transicionó -aunque mi mirada leyera traicionó- hacia un objetivismo despoetizado: “el desenladrillador que lo desenladrille buen desenladrillador será”…
      Y mientras algunos se intercambian la camisa en este escenario de ficción que creemos real. Abrazos Arturito.

    • 🙂 toda una preciosa contradicción tu blog, se resiste pero ya lo anuncia jeje. Me encanta, sigue así, para coser y cantar, nada mejor. Besos!! (Por cierto, en breve haré más limpia de tejidos, así que ya sabes, pero para la próxima nos tomamos una caña!!)

  2. El final del verano y el otoño siempre han sido épocas para mi de replanteamientos, de proyectos, de intenciones y expectativas, de transiciones a la postre que modifican no solo los ritmos del verano sino hasta los colores. Me encanta tu reflexión

  3. ” transito, viaje, otoñar………”, palabras perdidas que no muertas, que tan buen lugar sabes darlas y tejer ese entramado de emociones, colores, matices, con las que disfruto, quedandome con la sensacion de que quiero mas.

    me encanta tu composición imagen – texto.

    • Dando lugar y cobijando esos pequeños jirones entretejidos en mi imaginación, tranquila, pequeña ventisca, habrá lugar para más…
      Un apunte; en la mitología vasca los vientos (haizeak) son seres animados. Así, las hijas del viento del noroeste son las esposas del viento del sur y norte. (Ahí tengo el comienzo de otra historia, seguro). Besos ventosos

  4. Qué pasaría si la transición no fuera nunca elegida? Cómo nos sentiríamos si a pesar de nuestras elecciones, siempre hubiesen transiciones de otros, de otras cosas, que transformaran nuestro verano en otoño, o nuestro otoño en verano. Qué pasaría si los deprendimientos y sazonamientos otoñales primaverearan en fuunción de las elecciones de otros? Parecería que vivimos en un juego de espejos, donde cada una de nuestras elecciones aporta otoños y primaveras a los otros y al revés, donde nada se controla, y todos debemos podernos controlarnos. Donde no somos independientes, donde los dependientes somos todos.

    Espero que no encuentres este comentario muy críptico. Me sale así y no quiero cambiarlo
    Gracias por tus reflexiones y tus textos, que inspiran nuestras reflexiones y comentarios.
    Eres una valiente por dejarte llevar ;), aunque creas que hagas elecciones.
    Besos, guapa!

    • Querida!!
      Claro que se elige; se elige no quedarse allá donde algo hiere, o cuando no se tiene lo que se lucha y se cambia el rumbo. Otra cosa es lo que vendrá, y eso ni los mares del sur nos lo puedan aclarar. No creo que podamos elegirlo todo, pero sí podemos soltar amarres dolientes y girar a estribor. Eso no quita que “los otros” (espero que Aménabar no tenga registrada la expresión) puedan transformarnos nuestras realidades. Y ésa es la clave, decicir qué desechar y qué no de nuestra cosecha 😉
      Mientras podamos seguir construyendo parte de nuestro mundo, vale la pena. Besos valiente :*

  5. Pingback: 75. Inflexión (de inflexionar). |

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