72. En pijama.

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pijama

Del ingl. pyjamas, este del hindi pā[e]ǧāma, y este del persa pā[y]ǧāme ‘prenda de pierna’.

 

  1. m. Prenda para dormir, generalmente compuesta de pantalón y chaqueta de tela ligera. En algunos lugares de Am., u. t. c. f.

 

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El pijama sabe a mi infancia.

A cuando mi cama volaba y viajaba de noche.

A cuando me dormía entre canciones y cuentos.

 

Pijamas hubo muchos, los que siguieron a mi niñez, incluso salieron de mi cama para ver la luz de la luna, la del sol.

Aquellos que volaron conmigo, por fin encuentran su lugar en las tendencias que asaltaron pasarelas que anticipaban una primavera relajada -o eso dicen las revistas- que yo definiría más bien como convulsa, donde los tejidos más o menos guerreros, más o menos lenceros dibujan siluetas.

Las mismas cuyas composiciones revelan sueños desiertos, incluso despiertos; a saber, el algodón, la viscosa y con suerte, el tencel, incluso el lino y la seda (a evitar el poliéster para una prenda que puede ser íntima, o no).

 

Y de los recuerdos; la infancia y las bengalas, ahí donde el textil se mezcla con otras tramas, las que alimentaron noches de verano hasta rematar los años 80.

Los pijamas estaban compuestos por:

  • Flan.
  • Nata montada, mucha nata montada.
  • Helado variado.
  • Almíbar de melocotón y/o piña al gusto.
  • Fresa/ frambuesa.
  • Barquillo.
  • Decorados alegremente por sombrillitas y una bengala.

Sí señoras y señores, un postre con bengala. La misma que iluminó a muchos desde los años 50 hasta los 90.

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Todo empezó en Barcelona, 1951 con el desembarco de la Sexta Flota marina de Estados Unidos. Los americanos, no sabemos si ya eran recibidos con alegría, atracaban en puerto barcelonés y se dejaban el parné estadounidense en la zona, donde estaba y se mantiene el restaurante Les 7 Portes. Los oficiales pedían de postre Peach Melba, cuya creación venía del norte de los Pirineos por el chef Auguste Escoffier en 1892 como homenaje a Nellie Melba, la también llamada soprano de melocotón.

La receta compuesta de helado de vainilla, melocotones y salsa de frambuesa, comenzó a ser muy demandado y en respuesta a la demanda extranjera del original Peach Melba que no estaba en la carta, se creó el “pijama” cuyo nombre se tomó por el parecido fonético del original y se convirtió en receta local, según cuenta el actual director del 7 Portes, Francesc Solé Parellada, nieto de su autor.

Y así, se extendió como la pólvora, desde la costa hacia el interior, el precedente de los surtiditos variados de postres, que hoy parece relegado al olvido.

Pero no desesperen, dicen que todo vuelve, como el gin tonic, el vermouth o el bitter, como las relajadas tardes en boga-boga mariñela– de esta primavera, tendencia que hubiera hecho las delicias de la Gabrielle Chanel más reivindicativa por la comodidad y la libertad de movimiento.

¿Viviremos la -otra- renovación del pijama?

¿Quién iba a pensar que llegáramos a este entramado de textil y memoria del paladar?

Mientras, se renuevan los clásicos como improbables volátiles…

 

 

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63. Tener tela -marinera-.

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tener tela.

  1. loc. verb. coloq. U. para expresar abundancia.

tela marinera.

  1. loc. adv. coloq. Esp. mucho. Tardó tela marinera.

tener tela marinera.

  1. loc. verb. coloq. Tener gran dificultad.

 

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Tiene tela, tela marinera lo que a veces cuesta regresar.

Regresar al origen, y saber de éste.

Cuentan que el de esta expresión “tiene tela” es marinero y andaluz.

Cuenta el pasado que entonces, cuando los navíos surcaban los mares, el número de mástiles era capital.

Y de éstos, sus velas, claro, cuantos más mástiles, más cantidad de tejido, y no uno cualquiera, no señor, sino de un material nada corriente, debía ser resistente; que soportara vientos violentos, el salitre y el sol.

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Y cuanto más fuerte el tejido, más difícil su confección, que entonces era manual y rondaba fácilmente los centenares de metros para una sola embarcación.

Por tanto, a más velas: más cantidad de trabajo, de gastos y de poder.

Siempre el poder asoma por dónde menos lo esperamos, y así, olvidando el origen, quedó la expresión que actualmente se usa de distintas formas; para expresar admiración, aprobación, importancia, dificultad, cantidad y economía, cerca y lejos del mar, donde el salitre no se aleje demasiado, como el recuerdo de este verano, un surco en el rostro como una especie de sonrisa.