40. L’amour fou (dícese “amor loco”).

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enamoramiento.

  1. m. Acción y efecto de enamorar o enamorarse.

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Nota: No creo que se pueda explicar el amor; esta vez, prescindo de la definición de la RAE, porque hay tantos amores como momentos, aprendizajes y personas.

El otoño siempre llega antes a París, quizá sea otro de los motivos por los que enamora un poquito más. Aterrizar en un verano tardío y regresar de un prefall -que llaman las revistas- en estado puro; caída libre de las primeras hojas con cierto e inevitable grado de embriaguez que da el vino, los dulces placeres mundanos y una nueva edición feriante. Aquel juego de seducción a contrarreloj, apenas tres días para mostrar lo mejor de cada casa, colección tras colección: flechazos locos entre muestrarios que lo descolocan todo, tanto como fugaces, que pasada la emoción del momento, de regreso a la realidad, habrá quienes reciban muestras con una idea inevitable ¿y por qué pediría yo esto?.

No se alarmen, es un delirio habitual que dura lo que un suspiro, pero a veces, sin aparente motivo, se produce el milagro: del enamoramiento se pasa al compromiso, a la elección de quedarse, de la lucha por la supervivencia de un amor, más allá de una ilusión. Y ahí es cuando comienza el reto.

Sí, el reto, de no dejarlo caer día a día, de construirlo. De atreverse contra todo pronóstico, confiando en el temido mano a mano (no sean malpensados, o bueno, sí, cada cual es libre de sus pensamientos) de las responsabilidades de cada uno y del otro, desactivando resistencias, de inscribir ese amor en la piel para sobrevivir a la muerte.

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En definitiva; hacerse un poco el loco en el vértigo y los riesgos que asaltan, hacerlo que funcione desanudando -y desnudando- conflictos, porque, seamos sinceros, realmente ¿hemos aprendido a amar?

Los enamoramientos locos y urgentes se extinguen como la piel muerta del pasado, y ¿después?

Después hay quienes descubren el aturdimiento de una carrera sin horizonte más allá de la pasión inicial y descartan la posibilidad de quedarse, del amor.

Efectivamente el enamoramiento cae, así como no llevamos la misma prenda a diario, tanto roce la destrozaría, pero sí aprendemos a elegir los momentos que dedicarle, y en qué circunstancias querer tener cerca lo que se ama.

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“Encuentra lo que amas y deja que te mate” Bukowski. (Me genera una nueva cuestión ¿debemos revisar lo que entendemos por amor? ¿Hasta dónde se instala la idea de amor trágico para descartar los que no incluyen fantasmas?)

Pequeñas decisiones que diferencian el amor con el enamoramiento, para no confundirlos y así quemarlo y desgastarlo.

Sin embargo, a diario vivimos rodeados de baratijas con fecha de caducidad que no se miman porque su vida limitada aguantará como mucho una temporada para ir encadenando enamoramientos, pocos son los que aprenden a amar comprometiéndose con el deseo que nos habita, cambiando el rumbo incluso hasta del mejor patrón, porque queridos amigos, dejar morir lo que sentimos, también es estar loco -corazón loco-.

Dedico este texto a quienes me ayudaron a partirme en dos y mirar dentro, a aprender a amar, a luchar por el deseo que me habita y a no rendirme en cada decisión.

Gracias a mi madre, a Gustavo y a mis amigas valientes que aman incluso cuando se nos abren las tripas. Gracias por vuestro compromiso.

33. Savoir faire marinero.

marinero, ra.

(De marina).

  1. adj. Dicho de una embarcación: Que posee las características necesarias para navegar con facilidad y seguridad en todas circunstancias.
  2. adj. Perteneciente o relativo a la marina o a los marineros.
  3. adj. Semejante a cualquier cosa de marina o de marinero.
  4. m. y f. Persona que presta servicio en una embarcación.
  5. m. y f. Persona que sirve en la Armada en el último escalón de la marinería.
  6. m. y f. Persona entendida en marinería.
  7. m. argonauta (‖ molusco).
  8. f. Prenda de vestir, a modo de blusa, abotonada por delante y ajustada a la cintura por medio de una jareta, que usan los marineros. nudo marinero

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Embarcados y al abordaje, como argonautas (dejemos a Jasón al margen) surcando los mares, atrapamos veranos futuros propuestos en París, allí donde todo comienza, donde se destapan las ideas.

Marineros en tierra rediseñan ecos de sirenas perdidas, a rayas azules y blancas.

Must de cada verano y tendencia convertida en clásico del chic de lo francés, tiene su discutido origen como jersey, o incluso atuendo íntimo en litografías de pescadores del Canal de la Mancha a principios de siglo XIX. Fue en 1858, durante el Segundo Imperio francés, cuando se estableció el uniforme oficial de los marineros: pantalón de pata ancha, camisa blanca con cuello azul, jersey de rayas (permitía localizar a los marineros a distancia o si caía por la borda; dicho diseño se visualizaba fácilmente entre las olas) y un abrigo corto de lana.

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Por su lado, las camisas marineras tejidas en algodón de color crudo teñido con añil o índigo cuyo número de rayas no quedaba al azar; 21 rayas blancas de 20mm (se cree que significan el número de victorias de Napoleón en el campo de batalla) y 20/21 azules de 10mm para el cuerpo y 15 blancas y 14/15 azules para las mangas. Igualmente simbólicos son los colores; el azul representa el mar y el cielo; el blanco el lugar donde ambos se tocan en el horizonte o la espuma de las olas. Así, casi sin querer, se dibuja el salitre en mi piel… como se despierta el olor a mar, saltando entre las rocas, recordando incluso la bandera de Bretaña, Gwenn ha du en bretón, datada de 1923 diseño de rayas negras y blancas que representan las provincias del este y del oeste respectivamente, ciertamente distante de la épica napoleónica.

Apenas unos años antes, en 1917, Gabrielle Chanel viajó a la costa de Deauville (en la Baja Normandía, región donde la empresa Saint-James comercializó el diseño mantenido hasta la actualidad) y revolucionó el uniforme marinero vistiéndolo y fraguando lo que se convertiría en el básico chic, conquistando a mujeres gracias a su estilo innovador, fundamentado en la comodidad y facilidad de movimiento.

Villa La Pausa Roquebrune 1930 con perro Gigot Foto Cordon press

Sin embargo, fue Yves Saint Laurent el responsable de introducir las rayas marineras en la alta costura con su colección de 1966 “Matelot” (Marinero) de vestidos de rayas a base de paillettes/lentejuelas.

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Vestido de coctel Yves Saint Laurent.

Progresivamente se convirtió casi en seña de identidad de inspiradoras figuras culturales, como Picasso, Andy Warhol, Brigitte Bardot, Jean Cocteau, Ernest Hemingway, James Dean, Audrey Hepburn, Marilyn Monroe o Kurt Cobain.

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Jean Paul Gaultier tomó el relevo en varios de sus desfiles, desde 1978. En 1983 desarrolló la colección masculina Boy Toy y haciendo de las rayas el gran rasgo distinto de la maison Jean Paul Gaultier frente a las demás.

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Diseño de Jean Paul Gaultier 2007que vistió Carolina de Mónaco. Foto Cordon Press Giovanni Giannoni.

Así van pasando los años y las rayas (más o menos marineras) formando parte de ese deseado verano imaginario.

Algo así como un arroz junto al mar que soñamos en tierra adentro, como un guiso que nos transporte a esa orilla tan intensa, a la sombra del estado semi consciente, mientras suenan las chicharras de las tardes del estío.

A ese recuerdo fantástico que acaricia el imaginario y la realidad a partes iguales.

Así como se entrelazan las rayas, como aquel verano que soñamos en alguna tardes de largas y sabrosas digestiones.

“Gimiendo por ver el mar,

un marinerito en tierra

iza al aire este lamento:

“!Ay mi blusa marinera!

Siempre me la inflaba el viento

al divisar la escollera”.

 

Rafael Alberti, Marinero en tierra, 1924.

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28. Avispero

Avispero

avispero.

  1. m. Panal que fabrican las avispas.
  2. m. Lugar en donde las avispas fabrican sus panales.
  3. m. Conjunto o multitud de avispas.
  4. m. Concurrencia de personas que causan alboroto.
  5. m. coloq. Asunto enredado y que ocasiona disgustos. No quiero meterme en tal avispero
  6. m. Med. Grupo o aglomeración de diviesos, con varios focos de supuración, al modo de las celdillas del panal de las avispas.
  7. m. Cuba. nido de abeja.
  8. m. coloq. Cuba. Reunión de personas inquietas y agitadas.
  9. m. El Salv., Hond. y Nic. Conjunto de personas conflictivas y malintencionadas.

alborotar, o alborotarse, el ~.

  1. locs. verbs. Causar alteración y desorden en un grupo de personas.

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Caemos en avisperos constantemente. Y descubrimos que ni todas las avispas son agresivas, ni que por muy quieta que te quedes o por mucho que hagas para evitar que piquen depende una misma. Eludiendo aspavientos, claro.

Y con septiembre, vuelve ese aire de regreso, que transforma una realidad en un avispero frenético con tintes de ferias.

Feriamos de nuevo, y con cierta distancia e imaginación revoloteamos a cámara rápida las horas y los pasillos que recorrer. Stand a stand. Panal a panal. Incluso zumbando. Algunos forman nidos, otros muestran su lado genio-talentoso-agresivo cual avispa sacando su aguijón. Sociales y solitarias, como ellas, como nosotros. Un poco de todo.

Y así pasa el tiempo que culmina en Première Vision, allí donde están todos los que “están” donde hay que estar, valga la jugosa redundancia, y donde permiten estar a los que hacen por estar. Como decía en febrero, en esa fantástica torre de Babel de mil lenguas, de inspiraciones –incluso expiraciones- y de miradas.

Porque hay tantas como visionarios, incluso más.

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Carolina Herrera-pre-fall-2014. Vestido rojo abejas

Los hay que sueñan con retomar los veranos de su infancia e impregnan sus colecciones con rayas que rallan cierta nostalgia humorística (a medio camino entre la abeja Maya y un país multicolor… “Maya ven y háblanos de ti”) y otros que debieron querer revivir el sabor dulce de la miel de una juventud tardía en los p-anales de la historia.

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Y así llegan las inspiraciones para este otoño, entre avisperos y redes a modo de un panal que aún no es más que una dulce sugerencia que veremos hacia dónde se dirige.

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PD: Y para cerrar os dejo con esta frase de Yves Saint Laurent de quien podéis ver el biopic en “las mejores salas” (como se decía en nuestra tierna infancia):

Cuando amamos, estamos en peligro. Eso es lo que me gusta.”

Así pues, vivamos en peligro.

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20. Feria (de BABEL).

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Fair (Inglés).

Fuar (Turco).

Fiera (Italiano).

Salon/ foire (Francés).

 

Babélica feria.

Lenguajes varios.

Incluso sobre la piel.

La moda como clave de expresión, y en una feria en París, más, mucho más.

Tendencias de colores frescos, más encajes, recuperando dentelles brodées francais, colores jugosos, círtricos y refrescantes en Dior y Dolce Gabbana, que apuesta además por jacquards estampados, y el clásico Blanco y Negro de Chanel con apuntes plateados y cierto aire futurista en contraste con su corte tradicional.

 

Dior PV 2014

Chanel PV 2014

Chanel PV 2014

Dolce & Gabbana PV 2014

Porque cada uno hace la feria como se viste cada mañana, con su esencia a flor de piel.

Los hay quienes se visten de comercial incluso antes de meterse el croissant en la boca, o las que se desperezan envueltas en su pelo rosa en busca de sus gafas apuntaladas.

También están quienes aman lo que hacen y disfrutan del tacto de las tendencias, y quienes juegan a esa pose del amor impostado en cada rincón de pasillos eternos.

Hay ferias para todos, como hay lenguas para todos.

Y en ese pequeño, enorme y maravilloso mundo, se dan todas a la vez, en apenas los metros cuadrados de cada stand se juntan oriente y occidente, norte y sur, rivalidades y competencias; incluso amistades y acuerdos.

Allí, donde buscar la inspiración, o tomarla prestada, donde se venden exclusivas y se compran tendencias.

Donde el único lenguaje que no entra, sin embargo, es el de la piel, de la desnudez, allí, donde los focos saturan la temperatura, donde nos empapamos de fibras y colores, donde adelantamos estaciones y temporadas para vestirnos de verano en pleno invierno, en un frío Febrero en París que por una vez, ha dado una tregua y ha regalado fantásticas tardes y puestas de sol.

Allí, en la peri-feria de la exhibición dónde se compite por el mejor stand, como por el mejor tejido, como por estadio de los estados paralelos.

Mejor Stand PV 15

Mejor Stand PV 15, una playa en PV

Prato, un lugar

Stand Intesa PV 15

Allí donde todo es posible e imposible, a la vez.

En la magia de quienes aún la sienten, o de quienes siguen disfrazándose de ella.

 

Allí.

There (Inglés).

Orada (Turco).

Ci (Italiano).

Là (Francés).

Allí

19. Pre. (Feria).

pre-.
(Del lat. prae).
1. pref. Significa anterioridad local o temporal, prioridad o encarecimiento. Prefijar, prehistoria, prepósito, preclaro.

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El previo tiene tanta importancia como el resto del juego.
Nos sitúa, nos orienta, incluso, nos define.

Pre feria.
Anterioridad local y temporal de lo conocido, y sin embargo, de lo que está por llegar, por sorprender.
En el previo nadie puede imaginar dónde acabará un tejido la primera vez que se descubre un nuevo muestrario, cómo, cuándo y en qué color tendrá forma como una prenda –si llega a tenerla-, ni quién se fijará en esa prenda para llevársela consigo.
En el previo, sólo podemos fantasear.

Pero después, incluso sorprendernos, como en esta mañana de mercadillo, en la que el color azul Klein destaca para atraer mi mirada y descubrir uno de los nuestros; de los jacquards del año (sí, del mismo proveedor ya mencionado anteriormente), de un confeccionista conocido, para una marca también conocida en un blazier que nadie imaginó en su pre que acabaría dando color a una mañana gris pre feria en un maniquí retro/vintage/hipster/viejo.

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Y ésta, será, imagino, sólo una pequeña parte de su recorrido. Otro previo más de donde pueda acabar sus días un tejido que vino de Turquía hace sólo unos meses y dejó de ser marca por convertirse en un must de mercadillo.
Para saltar de pre a hacer historia.

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13. Feriada

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vistas del pabellón 6

Feriada

(participio del verbo feriar)

Feriar.

(De feria).

1. tr. Comprar en la feria.

2. tr. Vender, comprar o permutar algo por otra cosa.

3. tr. Col. y Ec. Vender muy barato por necesidad urgente de dinero o por otra causa.

4. tr. Cuba, Ec. y Guat. Dilapidar los bienes, especialmente el dinero.

5. tr. p. us. Dar ferias (‖ agasajos). U. t. c. prnl.

6. intr. p. us. Suspender el trabajo por uno o varios días, haciéndolos como feriados o de fiesta.

MORF. conjug. c. anunciar.

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Es cierto que el mundo necesita personas que amen lo que hacen. Y más aún si lo que hacen es su oficio. Si lo tocan con sus manos, dándole forma, haciendo de él, algo más que un producto.

Es cierto, porque es una manera de convertir una feria en un día feriado, o como dice la RAE, de fiesta.

Feriada irresistiblemente.

Moda y mucho rouge en los labios.

Savoir-faire a la italiana en los stands más divertidos y creativos, notable calidad turca al aroma de frutos secos, y pasillos inagotables, llenos de tendencias tendenciosas.

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Kilómetros de moqueta imposible de sortear, zona wifi y fieras del charme.

Fieras en la feria. Sin duda. Sin pausa. Sin límites.

Cazadores desatados, agentes de cambio, bailando entre malabarismos y texturas para encontrar la idea intocable, inalcanzable, la idea del éxito.

Lanas, algodones, viscosas, sedas, poliésteres, linos… permutados y convertidos en palabras para ser lo que el otro desee, lo que su mirada o su tacto transforme, lo que se le permita ser.

Todos en un gigantesco avispero, tramando y deshilachando, saltando y deshaciendo, volando en esta feria de vanidades, y desamores, y sin embargo, tanto amor por este oficio. El amor por ser (L’amour d’être) en la imaginación o en la mirada del otro, o en ese pequeño rincón lleno de estaciones, de cambios, de aplicaciones brillantes como paillettes.

En la calle, las realidades parecen ser otras. Madrid no es ni será nunca París, a la que se mira con cierto desdén, envidia y desprecio, ese cúmulo de contradicciones tan humanas, tan nuestras. París es un foco al que ir a alimentarse de ideas, para digerirlas y traducirlas. Reinterpretar el estilo francés, donde parisinas visten lentejuelas para trabajar, que por algo viven en la ciudad de la luz, aunque no deje de llover –o tal vez, precisamente por eso-.

Y mientras, de la mano de los grandes, podemos seguir soñando otros mundos que nos envuelvan.

chanel acolchados

detalle de Lagerfeld en su tienda en Le MaraisDior rojo

Chanel de la mano de Karl Lagerfeld lo acolcha todo como si se tratara de un síndrome de Estocolmo imaginario de un escapista de manicomio, de esos mulliditos. Los Dolce & Gabbana hacen del rojo y del mosaico un templo en el que envolver el cuerpo, en cueros, lo deja todo Isabel Marant, mientras que la casa Dior apuesta por toques de color – sobre todo en complementos- para un otoño más estimulante.

Allí quedan las tendencias, al otro lado de la feria, incluso al otro lado de los Pirineos.

París fue y será un faro –no sólo fashionable– lo quieran ver o no.

La realidad nos devuelve un Septiembre cálido, lejos de aquel otoño refrescante que las ferias anunciaban incluso con un año de adelanto. Y todo queda en una forma de participio atemporal.

FERIADA.

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7. Feria-nte

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feriante.

(De feriar).

  1. 1.   adj. Concurrente a la feria para comprar o vender. U. t. c. s.

feriar.

(De feria).

1. tr. Comprar en la feria.

2. tr. Vender, comprar o permutar algo por otra cosa.

5. tr. p. us. Dar ferias (‖ agasajos). U. t. c. prnl.

6. intr. p. us. Suspender el trabajo por uno o varios días, haciéndolos como feriados o de fiesta.

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Concurrentes a las ferias, hambrientos de tendencias que re-elaborar, unas veces para sacar lustro, otras para destripar su encanto.

Vendedores, compradores, y los demás. Agentes, expositores; comerciales todos, unos más, unos menos.

Buhoneros de distintos calibres, los hay de chucherías y de las delicias más exclusivas. Todos mezclados en pasillos que simulan una colmena imparable, con el zzzzz constante de la oratoria llevada al extremo, en todas y cada una de las lenguas imaginables.

Mercaderes sin barcos, amarrados en algún puerto seco en la Rive gauche, quizás a la sombra de uno de los maestros -YSL-, quizás, más allá del Sena, en el boom boom del epicentro de la moda mundial.

Allá, donde la Avenue Montaigne adquiere otros significados… al otro lado de las puertas de Dior, perfuman el ambiente más de una docena de rosas frescas, blancas y efímeras como la belleza que aguardan sus puertas.

Y así, entre toda esa magia, descubrir como el trabajo parece suspenderse en el aire, haciéndose pasar por días de feria, días de fiesta.

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