52. Charada (serie cine y moda.1)

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Del fr. charade.

  1. f. Pasatiempo consistente en adivinar una palabra a partir de alguna pista sobre su significado y sobre el de otras que se forman con sílabas de la palabra buscada.

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Voz onomat.

  1. f. Ar. llamarada.

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Como en un juego de sombras, el otoño pareció asomarse antes a Madrid que a la feria parisina como acostumbra cada septiembre. París ardió, quemó, sofocó y se inundó en una llamarada, charada.

París dentro y fuera del cine, de la mano de Regina Lambert (Audrey Hepburn) y el hombre de los mil nombres (Cary Grant): repóquer ¡hagan juego!

Si la música de Henry Mancini no se despega del paladar, el vestuario de aquella amistad que duró años entre Givenchy y Hepburn no se queda atrás. La moda se hizo abrigo, por aquello del frío invierno de la capital gala, pero también, por lo que ocultan, en una historia donde lo que no se muestra, como suele ocurrir, siempre supera a lo que se enseña. Es ese chic que tienen tan bien aprehendido y que ahora parece desvanecerse en el empeño constante de desnudarse y de romper los misterios, y sí, para variar, hablando simbólicamente.

 

 

¿Qué esconde la señorita Lambert al otro lado de su fantástica colección de abrigos después que le hayan robado hasta el último libro de su casa? ¿Qué será lo que oculte su compañero para dejarse empapar bajo la ducha y la mirada mágica de Reggie?

Así como hay trajes waterproof, también enredos para aquello que se anhela.

¿Acaso no nos vestimos de artificio cada mañana?

Ya lo decía Gabrielle Chanel, que la moda pasa y el estilo permanece, y ahí, queridos, Francia nos sacará siempre una deliciosa ventaja, algo así como ver colas un día cualquiera en librerías varias, casi en cada esquina… Pero retomo, que me pierdo.

 

Charada es seductora, elegante y divertida y ¿por qué no un poco peligrosa? como sus protagonistas, combinan a la perfección el uno con el otro en ese juego de sencillez y sofisticación, madurez e ingenuidad,  así como diálogos que los visten con la misma profundidad que las resultonas caricaturas que los envuelven, de lo que grandes abrigos ocultan, sin dejar de ser pura esencia de una lección de estilo que a pesar de los 53 años que nos separan de entonces, sigan siendo sofisticados, de cortes limpios y favorecedores, de colores vivos y leves como las calles que habitan y enormes botones que salvaguardan los misterios, verdades disimuladas junto con guantes extra largos. Objetivo a la caza de miradas donde no se sabe hasta dónde llega la verdad ¡¿y qué verdad?!

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Charada es también un poco París, ese encuentro que ver con la mirada de la primera vez (envidio a quien pueda tener ese privilegio que ya perdimos quienes la vimos una y tantas veces), que recorrer por las mismas calles y el recuerdo siempre palpitante…

Así como hay trajes waterproof, hay recuerdos que son y serán siempre París, porque no sólo queda Première Vision, ni mucho menos…

 

Y así, haciendo de los engaños ese delicioso objeto de deseo, se redibuja Charada, y la culpa, perdónenme la expresión, la tuvieron Stanley Donen y Givenchy, expertos en ilusiones…

  • “¿Por qué la gente tiene que mentir?” preguntaba Regina Lambert/Hepburn.
  • “Normalmente, porque desea algo y teme que con la verdad no lo consiga.” Respondía lacónicamente Grant.

Y así las ferias se visten de charadas.

¿Por qué habrá quienes pregunten lo que no quieren saber?

Y así comienza la charada, otra feria más.

yo no muerdo, ¿sabes? A menos que sea necesario

 

 

Agradezco la labor de recopilación de fotogramas de https://theblondeatthefilm.com/2014/10/21/charade-1963/

 

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50. Cuentitos de verano.

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Cuento.

Del lat. compŭtus ‘cuenta1’.

  1. m. Narración breve de ficción.
  2. m. Relato, generalmente indiscreto, de un suceso.
  3. m. Relación, de palabra o por escrito, de un suceso falso o de pura invención.
  4. m. coloq. Embuste, engaño. Tener mucho cuento. Vivir del cuento.
  5. m. coloq. Chisme o enredo que se cuenta a una persona para ponerla mal con otra.
  6. m. coloq. Quimera, desazón. Ana tiene cuentos con María.

 

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  1. loc. verb. coloq. Omitir los rodeos e ir a lo sustancial de algo.

despachurrar, o destripar, a alguien el cuento

  1. locs. verbs. coloqs. Interrumpirlo adelantando el desenlace.
  2. locs. verbs. coloqs. Frustrarle un intento.

echarle a algo mucho cuento

  1. loc. verb. Adornar exageradamente lo que se hace o dice.

 

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Hubo una vez un final de primavera encendida, secó las fuentes y apagó la suavidad de noches ligeras.

Imelda Meyer se vestía cada mañana de imaginación. Después de una noche en la que nunca ganaba la derrota, dibujaba las flores que alimentaría cada paso, cada hora del día.

Y en aquel lugar en el no sólo tenía que sobrevivir, sino aprender a conjugar una realidad dispar, a veces ajena, otras deliciosa, comprendió que se inventaba un mundo habitado por quienes en realidad, no existían.

Así el verano comenzó a inflamarse, a punto de prenderse con cualquier chispa y como ocurren los contratiempos, se levantaron los gigantes que soplaban muy, muy fuerte. Tanto que su aliento pudría y arrancaba los brotes frescos. Soplaban lo fuerte que fábricas y árboles permitieran antes de quebrarse, y sin embargo, un día, Imelda encontró una florecilla delicada, que parecía doblarse con mirarla, que sin embargo, resistió.

Los gigantes siguieron soplando, incluso gritando, alto, tan alto, que querían derribar las puertas de los castillos. Y patalearon, patalearon tanto que Imelda temió por aquella flor púrpura, roja, rosa y todas las que no se vencieron a la ventisca de gigantes.Ni así consiguieron abatirla. Entonces se revolcaron sobre la hierba dejándola estampada sobre su sombra, de la que nació un verso y enmudeció a los gigantes caprichosos.

Imelda que sabía que en realidad, las flores se secan de no regarlas, de no mimarlas, quiso bordarse la memoria del cuero * de aquella resistente y tantas otras sin nombre.

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Dibujó una salida de cuento en una mañana más de gigantes embrutecidos que a falta de moraleja y final feliz, ella se imaginó, porque no sólo se inventaba a personas, sino también la magia necesaria para cambiar, un poquito, el mundo.

 

Hoy un cuentito de verano para mí. Porque se cumplen años de textos, porque me visto cada mañana de palabras, flores y un poquito de magia, y porque a veces hace falta tener algo de cuento en la recámara para apaciguar el temporal, y estas pequeñas historias me brotan de la música y la imaginación que hoy celebro llevar años sembrando.

 

*Canción Jorge Drexler.

*Imágenes Ana Teresa Barboza: http://anateresabarboza.blogspot.com.es/

 

Feliz verano y que se nos sigan derramando la imaginación, los textos y los encuentros.

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49. Apretando (que es gerundio).

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Apreturas y demás zarandajas.

Apretar.

Del lat. tardío appectorāre, der. del lat. pectus, -ŏris ‘pecho1’.

Conjug. c. acertar.

  1. tr. Estrechar algo contra el pecho o ceñir, de ordinario con la mano o los brazos.
  2. tr. Oprimir, ejercer presión sobre algo.
  3. tr. Dicho de un vestido u otra cosa semejante: Venir muy ajustado.
  4. tr. Estrechar algo o reducirlo a menor volumen.
  5. tr. Apiñar, juntar estrechamente cosas o personas, dar cabida. Apretar la colada en la lavadora. U. t. c. prnl. Apretarse la gente en el tren.
  6. tr. Acosar, estrechar a alguien persiguiéndole o atacándole.
  7. tr. Tratar con excesivo rigor, con estricto ajustamiento a ley o regla.
  8. intr. Dicho de una persona o de una cosa: Obrar con mayor esfuerzo o intensidad que de ordinario.
  9. intr. coloq. Embestir, cerrar con alguien. Apretar con el enemigo.
  10. intr. Pint. Dar apretones (‖ golpes de color oscuro).

 

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Junio empezó apretando, en gerundio, y no podíamos anticipar hasta qué punto. Apretó las costuras que se inflaron con el calor de aquella tarde en plena estampa costumbrista: mujer de edad avanzada, de un luto imperdonable que oprimía su pecho y recordaba a doña Rogelia acalorada, abanicándose y bamboleando levemente sus piernecitas a falta de mecedora en aquel portal sombrío, mientras, fuera, caía la tarde que inauguró el mes literario (Abril me perdone) que empezó como un viaje entre grandes maestros de las letras del país: paseo entre casetas que desembocó en las puertas de la Rae, callejeando entre Cervantes, Quevedo y Lope.

Y así llegó este mes con hambre de verano, y del verano: sus lecturas.

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A veces, en el parque de El Retiro se da un fenómeno maravilloso durante al menos dos semanas: la literatura invade la naturaleza y así se producen encuentro entre chaparrones o alergias primaverales. Hay autores que generan colas, sí, leen bien, esperar turno para comprar cultura, pero también para formar parte en la lista del postureo actual, aquí, permítanme haga un breve paréntesis: he observado últimamente que hay mucho público que acude a darse un baño de popularidad (no hay limitación de edad, no se crean) para compartirlo en redes. No negaré comunicar la ilusión que me hace este encuentro anual- por eso estas líneas- sin embargo la accesibilidad a las fotografías que tenemos actualmente, quizás se haya producido en detrimento de las maneras y la intimidad ¿no será excesiva la exposición ante cámaras anónimas?

Una vez compartido este desahogo, -sí, esto sí lo comparto- retomemos.

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Escribo estas palabras una mañana de domingo soleado (de ésos alérgicos que decía antes) mientras espero mi turno para mi nueva adquisición del autor del Orens que me subtitula, observo la invasión lo rápido que se asume el intrusismo, compartir una feria del libro por aquellos que están no necesariamente por el gran requisito: escribir.

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Será innegable que sean aquellos quienes alimenten estadísticas de mayorías, y sin embargo, esas pequeñas y mágicas historias tienden a pasar desapercibidas. Pero como son mi debilidad, me dejo llevar por una curiosa premisa ¿qué sucede en la imaginación del autor la noche antes de su firma? ¿qué espera? Y en consecuencia, ¿elegirán atuendo como una particular alfombra roja? ¿Vestirán bermudas bajo la mesa que nadie ve como cuenta la leyenda que ocurre en los informativos?

¿Qué hubiera pensado Cervantes y qué hubiera hecho su Quijote si la soledad de sus lectores se viera aumentada por la afluencia de un compañero de firma televisivo? ¿En qué se convertirían los exilios de Benedetti y la timidez de Manuel Vázquez Montaltán con quienes quisieran hacerse selfies con ellos?

 

El ser humano es plural, así como su respuesta ante el mismo estímulo, así pues habrá quienes sientan las apreturas del cinturón en la firma de la tarde si la comida fue copiosa y quienes se compriman por costuras reventonas después de tanto posado forzado, eso sí, sin perder nunca de vista los complementos que se convierten sin duda alguna en must: pluma o bolígrafo, al gusto, abanico y agua. Gafas de sol opcionales, así como el paraguas, según se quede la tarde.

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Gracias a quienes siguen haciendo posible la literatura a pesar de estadísticas e inversiones.

pd. Fotos de Chema Madoz.

Feliz día de la música.

Laura Orens.

 

 

 

46. La donna.

 

Poster visto en Venecia Marzo 2016.

 

mujer

Del lat. mulier, -ēris.

1. f. Persona del sexo femenino.

2. f. mujer que ha llegado a la edad adulta.

3. f. mujer que tiene las cualidades consideradas femeninas por excelencia. ¡Esa sí que es una mujer! U. t. c. adj. Muy mujer.

4. f. Esposa o pareja femenina habitual, con relación al otro miembro de la pareja.

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¿Qué es la mujer?

Lacan afirmó que “la mujer no existe” y francamente, la RAE no ayuda a tener una idea aproximada, ya que encontramos definiciones más propias de la Edad Media, que a falta de estigmatizarnos y llamarnos brujas, lo suaviza relacionándonos con la supuesta profesión más antigua del mundo: la prostitución; visión impensable en definiciones de nuestros compañeros de existencia, amigos hombres.

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2. f. Prostituta que busca a sus clientes en la calle.

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1. f. prostituta.

mujer fatal

1. f. mujer que ejerce sobre los hombres una atracción irresistible, que puede acarrearles un fin desgraciado.

mujer mundana

1. f. p. us. prostituta.

mujer objeto

1. f. mujer que es valorada exclusivamente por su belleza o atractivo sexual.

mujer pública

1. f. prostituta.

Sin embargo, la cuestión de género afecta por igual, pues hay quien se plantea la masculinidad como reverso de la feminidad: “ser hombre es no ser mujer”, basándolo en lo que no hay, quizás por eso el mundo avanza midiéndose por lo que no tiene. Así pues ¿ser mujer se define por lo que falta? Para muchos, sí. Porque en realidad, todos, hombres y mujeres, ¿acaso no estamos marcados por la falta en relación al otro? Pero no es eso lo que nos hace mujeres y hombres. ¿O sí?

Retomando las palabras de Lacan, todo parece indicar que efectivamente la mujer no existe, sino que efectivamente, como apostilló, seamos “una por una”, y añado, además podamos ser y no ser simultáneamente, o ser una cosa y su contraria.

Ser mujer no es vestirse de artificio. Y sin embargo también puede serlo. 

Ser mujer no es ser madre. Y sin embargo también puede serlo.

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¿Es usted 100 por 100 femenina?

Y en plena cuestión de identidad, hay quienes la sienten muy plenamente: muy madridista, muy catalán, muy hombre o muy mujer; ¿pero dicho estatuto superlativo no necesita del otro para constituirse? No olvidemos que a veces es una proyección ajena así como “los hombres no lloran” y demás trampas con las que convivimos como que una mujer inteligente, también pueda verse y sentirse bella, no por nadie, sino porque guste de sentirse deseable para sí misma.

Sí, amigos, la feminidad se cuestiona en más dimensiones de las que vemos a primera vista. La fuerza, la independencia y autonomía de las mujeres aún genera inquietud, incluso rechazo; se sigue prestando atención a cómo viste una mujer, no siempre por cuestiones de gusto, sino en muchos casos por intereses económicos de las cadenas y las audiencias para asimilar la actual cosificación; el perfil de mama chicho se ha maquillado y extendido hacia el lado masculino. No se trata de igualarnos en lo obsceno: ¿Acaso ésa no es la misma trampa de la que intentar salir?

Que una mujer decida sobre su cuerpo no debería convertirse en frivolidad, así como sus elecciones sobre su vida no deben ser cuestionables por nadie más que por una misma; no, no hay que aceptar esas pequeñas agresiones que nos tiran el respeto alcantarillas abajo, junto con la huida de un Harry Lime acorralado.

¿De dónde vendrá tanta agresividad hacia lo femenino?


Quisiera completar la idea de Simone de Beavoir añadiendo a la ecuación a mujeres de rivalidad silenciosa, casi invisible, incluso inconsciente. Y así, en plena proyección de fantasmas propios se alimentan en ese delicioso caldo de cultivo. Combinado con un poquito de muda envidia et voilà, ¡menuda sopa nos hemos montado!

En ese rincón, se lanzan las bombas que aniquilan esa racionalidad; utópico mundo de las ideas y los ideales. Y ahí, en plena antítesis especular donde parecen construirse realidades e identidades, me vuelvo a preguntar ¿qué es ser mujer? ¿Y qué no lo es?

Para mí SER es un compromiso, y ser mujer, una responsabilidad, conmigo misma en primer lugar, y con las demás como extensión. Es cierto que vivimos rodeados de micromachismos, pero los grandes cambios empiezan desde dentro, nada cambiará realmente si se sigue focalizando y poniendo en el otro (que bien puede ser la otra) todo lo que disgusta porque resulta más cómodo, así como desestigmatizar la vulnerabilidad y las faltas y reconocer a quienes eligen su papel de víctimas responsabilizando a los demás de su situación, sin embargo, igual que la música describe una realidad, a veces también la genera o la estimula y dicho planteamiento se acaba asumiendo como verdad, así como la letra de La donna è mobile:

La donna è mobile, qual piuma al vento,

muta d’accento, e di pensiero.

La mujer es voluble, cual pluma al viento,

cambia de palabra, y de pensamiento.

Claro que existen mujeres así, y hombres. Porque existen personas así. Del mismo modo que el semblante retratado por Sisa/ Sabina en la canción Mujeres fatal:

Hay mujeres que dicen que sí cuando dicen que no

Se trate o no de inseguridad-es, ahí queda la sombra de la duda de la argucia femenina, excusa sobada y resobada muy asumible de nuestra supuesta incoherencia para convertirnos en seres dominados por el útero; inestables, alterables y por supuesto, histéricas. Porque hombres histéricos no existen ¿verdad?

Hay tantos hombres y mujeres como universos y pensamientos posibles, pero las realidades y circunstancias son una por una, como decía Lacan, porque es innegable que, parafraseando a Sisa y a Sabina -no sólo ellos poetizan y profetizan- también existen aquellas:

 “Hay mujeres que van al amor, como van al fracaso”

“Hay mujeres que sueñan condenas

Y mientras, indigestión de tanto comer falacias, tanta low y fast food tiene efectos secundarios. Hay que mimar aquello de lo que uno se alimenta para luego poder aprender a procesarlo y tener digestiones felices que finalmente, nos repercutan a tod@s. Hagamos caso al maestro Benedetti (en Te quiero)

y en la calle codo a codo

somos mucho más que dos

Mientras no se dinamiten las presunciones de cualidades femeninas -tomen nota- la igualdad seguirá como un horizonte, inalcanzable:

– Cariñosa y complaciente; fuerte y dócil.

– Buena profesional, cocinera y gestora del hogar.

– Buena amante, esposa, madre y amiga.

– Buena gestora y sacrificada.

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¿A cuántas se nos ha exigido ser todas ellas en alguna ocasión?

Ahí estamos hijas, madres y abuelas; profesionales y estudiantes; ilusas y realistas.

La mujer que soy y quiero ser la construyo a diario, con mis faltas y mis luchas. Soy todas ellas y a veces ninguna, y sin embargo soy esa sombra pequeñita que me guardo para mí en un rincón de mi imaginación, pero no quiero ser en función de lo que nadie me imponga.

Gracias a las mujeres que -de cerca y de lejos Barbarella, Maria- con su respeto y cariño se han convertido en familia, nos una la música, la literatura y la amistad.

Gracias de nuevo a mi madre, a mis musicales tías adoptivas Rosa e Isabel y a Laia por su emocionante voz e interpretación.

 

44. Pastelosos.

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Del fr. ant. pastel.

1/ 2. adj. Dicho de un color: De tono suave. Colores pastel. / adj. De color pastel.

3/4. m. Masa de harina y manteca, cocida al horno, en que ordinariamente se envuelve crema o dulce, y a veces carne, fruta o pescado. / m. Pastelillo de dulce.

  1. m. pintura al pastel.
  2. m. coloq. Convenio secreto entre varias personas, con malos fines o con excesiva transigencia.
  3. m. coloq. Beneficios, económicos o de poder, especialmente cuando son susceptibles de reparto.

descubrirse el pastel. loc. verb. coloq. Hacerse público y manifiesto algo que se procuraba ocultar o disimular.

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¿De qué color son los recuerdos?

Cerremos los ojos un segundo, lo justo para recordar el vaho rosa del algodón de azúcar con el que volar hasta algún rincón de la infancia, a una primavera que se levanta como florecen los cerezos y peonias, y ahí, donde se roza ese lugar invisible, imposible, de una seducción muda, ciega e intocable y sin embargo, llena de aromas.

Ahí, en ese rinconcito de la memoria, todo despierta, y así arranca este año de los colores de un atardecer de invierno, con los que Pantone ofrece una tregua gracias a este dúo naif, pura dulzura, y quizás toma el relevo de lo que ya llevaban tiempo anunciando grandes casas como Elie Saab, Dior, Chloè…

 

 

PANTONE-Color-of-the-Year-2016La elección del rosa ha sido acordada tras el análisis de colecciones de desfiles del último trimestre que tendrá presencia para el público la próxima primavera, todo ello en informes ya existentes de Pantone. Esta realidad difiere del habitual método de elección, así como ocurría en el último periodo del siglo XIX: se debía a la limitada oferta de proveedores de tintes textiles que reflejaban las próximas tendencias en función de la moda, matemáticamente hablando, cromática.

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Veremos, una vez más, como les maisons se rinden a la ternura, poniéndose pastelosas (no se me malinterprete) con su particular homenaje a la ingenuidad resistente, tan maltratada en un mundo de inmediatez y de presiones impertinentes, haciéndoles frente con este delicado binomio, recomponiendo un lugar para los afectos en versión soft y sin duda, edulcorado.

sun and moon 2A veces tan necesario como el vaivén del mar, con su lucha constante, amando a ese cielo que nunca roza, siquiera al amanecer, para convertirlo en fetiche de sus sueños, y en esa ilusión acuarelada, se amasa esta pareja con el frescor de la infancia para regresar al lugar donde los recuerdos se forman como leve nube de azúcar y se pulen como piedras en el océano, y también, porqué no, de una deliciosa y eterna dualidad, donde lo femenino y lo masculino se relacionan y funden a colores que sin embargo, crean un maravilloso misterio, aún por resolver en esta paradoja de la naturaleza; si el sol-fuego y la luna-agua tuvieran que elegir, se decantarían por los contrarios al ser humano.

Así como la vida y la mujer engendran.

Así como el rosa femenino se funde en una nebulosa que todo lo transforma, y lo convierte en agua, ahora, cuando el año está por llegar, aún todo es posible. Bleu. Madame Bleu.

 

Pd. Dedico este primer texto de 2016 a Lyona, presente desde hace tiempo en cada palabra rosa y azul, a la búsqueda de en un encuentro que amadrine con sus trazos y su imaginación.

 

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42. Des- etiquetables.

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Del fr. étiquette.

  1. f. marbete (‖ etiqueta que se adhiere a algún objeto).
  2. f. Pieza de papel, cartón u otro material semejante, generalmente rectangular, que se coloca en un objeto o en una mercancía para identificación, valoración, clasificación, etc.
  3. f. Calificación estereotipada y simplificadora.

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  1. loc. adj. Propio de actos solemnes, según un determinado protocolo.
  2. loc. adj. Dicho de un traje masculino: Requerido para actos solemnes. U. t. c. loc. adv. Vestía de etiqueta.

 

Acudir a un acto “de etiqueta”, disfrutar del sabor “black label” o conocer indicaciones de lavado, de origen, de composición, hacen de una etiqueta, quizás, una suerte de protocolo -en una prenda- aceptado a modo de guía, para mantenerla en las mejores condiciones durante más tiempo, asumiendo la responsabilidad de conocer los términos expuestos del contrato; así como en una librería reconocemos las categorías de género, autor etc, por pura cuestión práctica, pero realmente ¿somos o nos dejamos ser etiquetables en la vida real?

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Quizás se busque nuestra constante elección para sabernos situados, y tenernos bien clasificaditos para vendernos seguridad en esa suerte de orientación catalogada tan deliciosamente obsesiva.

Lavable o No lavable.

Soltera o Casada.

Heterosexual u Homosexual.

Norte o Sur.

Amigo o Enemigo.

A favor o En contra.

Omitiendo así la posibilidad de “ser o no ser” simultáneamente (que Shakespeare y sus admiradores me perdonen).

De cómo nos asaltan trending topics -o tema de tendencia- como si fueran hongos con almohadilla (#), flores de un día, que se mustian al consumirse en horas, mientras se deja de lado a esas queridas palabras cotidianas, que día a día, construyen nuestras realidades en silencio. Así empecé a etiquetarlas en modo aleatorio, como ejercicio de amor, pero no nos desviemos; ¿ser o no ser etiquetable? ¿Acaso no es esa jugosa contradicción la que cambia el rumbo?

Ese rincón mudito y palpitante que nos desbarata la jungla interior haciendo que todas las etiquetas que nos hicieron creer, incluso tatuado sobre la piel, caigan con la llegada del otoño, en este mundo que se dobla, se desdobla para ser uno y mil, desafiándose cada mañana, sin olvidar que el miedo es la marca más rentable de quienes organizan guerras; no dejemos que nos impongan odios, que lo que nos una, tenga o no tenga nombre, sea más fuerte que lo que nos separe.

41. Contra las “it girls”.

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Natalie Portman en un fotograma de la película Closer.

It.

Pronombre de 3º persona del singular para designar ELLO; para animales u objetos.

No traducible como tal ni como sujeto al castellano.

It girls.

La primera en emplear el término británico IT GIRL fue la novelista y guionista Elinor Glyn en 1927 dirigiéndose a Clara Bow, la protagonista de la película IT.

IT, Clara Bow, 1927

IT, Clara Bow, 1927

Según VOGUE: “La definición exacta de ‘it’ (podría traducirse como “eso”) puntualizada por Glyn rezaba así: “La cualidad que poseen algunos de atraer a los demás con su fuerza magnética. Con ese “it” te ganas a todos los hombres si eres una mujer y a todas las mujeres si eres un hombre. Ese “it” puede ser una cualidad de la mente así como una atracción física”. Algunos atribuyen el origen de “it” al escritor Rudyard Kipling, que hizo la siguiente afirmación en un relato corto en 1904: “Ese “it” no es belleza, ni buena conversación. Es simplemente “it”.

It. (¿La cosa?). Detalles que marcan la diferencia, expresiones irreconciliables, o no trasladables perdidas en interpretaciones, ahí, en ese lugar mudo, en el que lo que no se nombra es lo que verdaderamente importa, lo que dirige apetitos, fantasías y demás intimidades irresistibles.

Así nos encontramos revistas que decoran la profesión de it girl, que “mujer objeto” ha quedado obsoleto, empapándolas de ese glamour a golpe de talonario que tanto vende, y haciendo lo posible por borrar el rastro de su origen, que poco tiene que ver con el desfile de uniformes sonrientes, en el mejor de los casos, que hasta a las malas caras se acostumbra una, y así nos pasa, que se hace de la ficción de revista, realidad, y ya tenemos el problema.

Me declaro contra las it girls producto de consumo, cómplices de la cosificación de la mujer (ya ni sujeto de deseo), convirtiéndonos en “ello” como si hubiera que estar orgullosa de un estilo de vida lleno, muy lleno sí, de cuentas corrientes, modelitos de marca y una voz dormida, muda y paradójicamente, generadora de tendencia.

Contra las it girls que no usan uso a su voz para la réplica, para cambiar el rumbo de este estado de perfecto maquillaje sin grietas; con un look de atractivo irresistible.

Contra las it girls que se olvidan de las palabras de George Steiner “lo que no se nombra, no existe” y nos hacen desaparecer un poquito a todas con su silencio.

Pero si a pesar de todo, hacemos lo posible por entender y convalidar el término IT, no hablemos sólo de it girls, hablemos de personas; hombres y mujeres, sin importar género y edad en este mundo de sobrevalorada juventud, cuyo atractivo sea capaz de descolocar fronteras y muros. Aprendiendo, por fin, a valorar la diferencia, a convivir con ella, dejando de fabricar clones que vistan y decidan cuál es la prenda estrella de la temporada para el gran público hambriento de mímesis.

(A continuación lo que yo entiendo por mujeres que tienen algo magnético e interesante, un atractivo personal al margen de cánones y productos de consumo).
Ellas sí tienen “it”…

Nina Simone 1969

Nina Simone 1969

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Simone de Beauvoir

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Diane Keaton

Concluyo con una mujer que demostró que no todo es traducible ni clasificable, sino que son esas interpretaciones –más o menos acertadas- en este mundo de equívocos convulsos, las que nos dirigen una y otra vez, nuestros apetitos más íntimos. Culpemos a quien culpemos.

PD. Hoy dedico este artículo a todas las luchadoras contra el cáncer, con todo mi cariño, así como al recuerdo de MVM del que ayer se cumplieron ya 12 años sin su verbo que me ha inspirado el título gracias a su “Contra los gourmets”.