109. Patrones y contradicciones.

patrón, na

Del lat. patrōnus; la forma f., del lat. patrōna.

1. m. y f. Defensor, protector.

2. m. y f. Santo titular de una iglesia.

5. m. y f. señor (‖ persona a la que sirve un criado).

7. m. y f. Persona que manda un pequeño buque mercante o una embarcación de recreo.

8. m. Modelo que sirve de muestra para sacar otra cosa igual.

10. m. Planta en que se hace un injerto.

cortado, da por el mismo patrón

1. loc. adj. Dicho de una persona o de una cosa: En la que se advierte gran semejanza con otra.

6. m. y f. patrono (‖ persona que emplea trabajadores). patrono, na

Del lat. patrōnus ‘protector’; la forma f., del lat. patrōna ‘protectora’.

1. m. y f. Persona que emplea trabajadores.

2. m. y f. Amo, ama.

3. m. y f. Dueño de la casa donde alguien se hospeda.

4. m. y f. Miembro de un patronato.

5. m. y f. Defensor, protector, amparador.

8. m. y f. Santo elegido como protector de un pueblo o congregación religiosa o civil.

9. m. y f. Señor del directo dominio en los feudos.

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No se nace mujer, se llega a serlo”.

Simone de Beauvoir.

Patrones. De todas las formas, colores y tallas. Propias, pero también ajenas.

De niña a mujer se pasa por infinidad de tallas, muchas de ellas, equivocadas. O simplemente intrusas, inadecuadas para nuestro cuerpo, para nuestra mente.

¿Qué ha significado ser niña para mí?

Otras cumplían perfectamente con su papel: sonrisas y vestidos. Y de mayores, una aspiración incuestionable: casarse y ser mamás. Ser agradables. De agradar. De complacer. Y eso, es el germen de futuras mujeres. De futuras frustraciones.

De aquellos barros, estos lodos. Ahora parece que nada de aquello nos define. Está de moda decirlo. Como si fuera un logro vivir en una indefinición constante. Que no nos definieran patrones clásicos, no significa que no fuéramos quienes fuimos, a nuestra manera.

A mí, de pequeña no me gustaban los vestidos. Quizás no fuera una elección, sin embargo, sí hubo otras decisiones que fueron calando en mi identidad.

¿Qué era entonces ser niña?

Yo ya jugaba a inventar historias. Aunque aún no las escribiera. Exploraba, construía casas con ladrillos, llenaba de tierra mi hormigonera, daba velocidad al tren, a los coches y jugaba a ser mil personajes. A veces, también era princesa. Pero no por sistema. No porque fuera chica. Aunque tuviera una cocinita, muchas muñecas y adorara el rosa.

Quizás, por encima de todo, era curiosa. Miraba más allá. Espero seguir haciéndolo. Porque ese rasgo sí me definió. Era más aventurera que ahora, sin duda. Incluso, tiraba con arco. Poco a poco, el mundo me enseñó lo qué se esperaba. De los niños y las niñas. Y yo quería escribir. Investigar. Y pensaba, pensaba mucho. Pero lo intelectual se asocia aún hoy a lo masculino.

Así, quizás, empecé a saltar de patrón en patrón. Tanto que, en la escuela trataban de ponerme etiquetas, patrones, frente a lo desconocido. Fui tantas cosas sin ser ninguna. Y así, la niña buena fue calándome. Para encontrar un lugar. Aunque no fuera de mi talla. A veces me apretaba y otras, me quedaba grande.

Síndromes hay de muchos tipos, formas y colores. Y lo que muchos veían como rebeldía, se tradujo para mí a ser una niña buena. La búsqueda de agradar a los demás, a quienes tiene miedo de decepcionar. La dificultad para decir que no o rechazar planes. La culpa cuando no se complace a otros. Y de tanto seguir las reglas, otros patrones crecieron, aunque fuera en contra de los deseos. Los propios. Así como medirlo todo, en particular, las palabras, aquellas que tienen el poder de herir al otro.

Más moldes. Más costuras. Más sutura. Y más germen de futuras mujeres.

Durante mi adolescencia me costó encontrarme con mi feminidad, quizás por aquello de todo lo que adolecía.

¿Qué significaba ser mujer para mí? ¿En quién quería convertirme?

Ésa fue siempre la cuestión. Aún lo sigue siendo.

Judith Butler amplía la mirada. Ser mujer no necesariamente tiene que ver con la biología. La expectativa relacional entre el sexo y el género es cultural. La discriminación siempre está ahí, para señalar lo que corresponde. O no. Los géneros también se aprenden. Y pueden llegar a constituirnos.

La mujer no existe; existen las mujeres de una en una.

Jacques Lacan.

Yo no era ellas. Ni aspiraba a serlo. Fui aprendiéndome deshaciendo patrones ajenos. Individualmente. Escuchándome. Aunque la discriminación siguiera ahí, a la sociedad le incomoda todo aquello que no conoce, o que no sabe controlar. Aunque quiero pensar, que cada día, se van erosionando esas viejas ideas talladas en la piedra.

Desaprendí patrones incómodos que no fueron nunca mi talla, me fui moldeando. Pero sin perder de vista la niña que jugaba a inventar historias, que no dejaba de mirar más allá. Por preguntona que fuera. Todo eso, bregando con las contradicciones. Que las hubo. Muchas. A borbotones. Las sigue habiendo. Y sí, aún creo que nuestros errores, nuestras decisiones, lo que hacemos con ellas, nos define. Porque, si no lo hacen ellas ¿qué lo hace?

Se me fueron llenando las costuras de mis cicatrices. Quizás viceversa. De todo lo que empujaba por resistir, dentro y fuera de mí. Aquellas puntadas invisibles, fueron creando tejido. El de muchos de mis vestidos. A los que, con los años, me acerqué. Y sin aparente sentido, sucedió la reconciliación con mi ser femenino. Con el que convivir a diario, ajena a patrones, a tallas, a gramajes que no fueran los propios. Porque, después de todo, será con mi piel con la que conviviré a diario. Y así es como llegué a ser mujer. Rasgándome las vestiduras, deshaciendo hilvanes ajenos y rompiendo patrones que no eran míos. Dejando de ser esclava de la mirada del otro -aún estoy en ello- para liberarme de amos de mí misma.

BSO. Agnes obel. The curse.

104. Aniversarios sin feria.

aniversario, ria

Del lat. anniversarius ‘que se repite cada año’.

1. adj. p. us. anual.

2. m. Día en que se cumplen años de algún suceso.

3. m. Oficio y misa que se celebran en sufragio de un difunto el día en que se cumple el año de su fallecimiento.

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The moon is yellow silver.

Tom Waits.

Mes de aniversarios.

Irremediablemente nostálgica.

Sin embargo, resuena una pregunta ¿cuándo volveremos a vivir?

Ser moderadamente infeliz y otras formas de supervivencia. Desde hace tiempo, quien más, quien menos, dejamos pasar las horas, aprendiendo a sobrevivir en cierta soledad, distancia mediante. A estas alturas ya sabemos quiénes sí y quiénes no. También que el encuentro con el otro es más frágil de lo que hubiéramos querido.

La vida no era esto.

Sabíamos vivir bien. A pesar de las trampas y los disgustos, de los errores y los engaños. Ahí estábamos, tomando decisiones. Porque elegir también era vivir. O viceversa.

¿Cuándo los extremos se hicieron más lejanos?

Vivir como si no hubiera mañana, o sacrificar vida por responsabilidad. Los sacrificios también pesan. La imaginación va haciéndose pequeña, tomando la forma de las cuatro paredes que nos habitan. ¿O era al revés?

Diez años ya.

No hubiera podido imaginar hace un año que estaríamos así, sin poder celebrar los años de oficio textil de cerca. Todo tan lejos y con un paisaje herido.

Los lugares a los que regresar se siguen acumulando.

Me falta París como nunca. Como no imaginé que lo añoraría tanto sólo un año después. Porque no era sólo un lugar al que regresar, París siempre fue mucho más. Lo sigue siendo.

París volverá a anticipar la primavera y a colorear los otoños. Y mientras, podemos seguir soñando, imaginando sus rincones y escribiendo todas las historias que, quizás, podamos acabar rozando algún día.

La escritura cárcel arranca. Es la vida que dejamos en suspenso mientras seguimos arañándole días al calendario.

BSO. All the world is green. Versión Birds on a wire.