55. Bolitas de invierno.

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Bola.

Del occit. bola, y este del lat. bulla ‘burbuja, bola’.

  1. f. Cuerpo esférico de cualquier materia.

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Habrá quienes pensarán en la nieve, pero no. Cuando vuelve el frío, y aunque no sea 22 de diciembre y no nos toque el gordo, no sólo los árboles navideños se llenan de bolitas. Hay quienes, como yo, que nos colmamos de obsesiones por las que adornan la lana, el cashmere, el acrílico y demás sucedáneos de invierno.

Y así, comienza el asalto a las prendas de abrigo; arrancando una a una, la raíz del mal que cubren abrigos y jerséis.

La profesión me descubrió que mi obsesión tiene nombre, Pilling. Definido como efecto no deseado, conglomerado de fibras adheridas a la superficie de un tejido, que lo castigan por el rozamiento del mismo.

Y hasta ahí llega el acuerdo de las fuentes, porque unas defienden que sale más en fibras sintéticas de menor calidad, y largas; otras todo lo contrario, que cuanto mejor es, más corta, más fácil será que se desprenda y el roce genere esas bolitas odiosas.

Me llevan los demonios: son el cashmere, la alpaca y el mohair esos objetos de deseo que sin embargo me vuelven loca como si los despiojara. Sin dramatizar, pero así es.

Entonces quise aprovechar los conocimientos laborales (ja) y preguntar, pero la controversia salpica por todas partes. Por su parte, los laneros me aclaran lo que el oficio demuestra: artículos con pelo, acabado loden, rizados, boucles y cardados son carne de cañón.

Descubro con curiosidad los parámetros de pilling y a veces hay tejidos que nos sorprenden, ni las mejores calidades son garantía ni los más extremos acabados una derrota anticipada, y sorpresa, sorpresa, resulta que el mismo artículo en distintos laboratorios puede variar sus parámetros.

 

Rango Descripción Puntos a considerar
5 No hay pilling Buena resistencia
4 Pilling Reduce la resistencia
3 Formación de pilling Formación completa de pilling
2 Cambio considerable Cantidad considerable de pilling
1 Cambio severo Demasiado pilling

 

¿Entonces? Nos queda creer en la magia, en Tamariz, y en el revival vintage de aquellos hipsters que recuperaron las coderas, los chalecos y ¿por qué no, las pelotillas?
No crean que el tejido es una ciencia exacta, la cuestión palpitante, mucho más mundana que la de Pardo Bazán, se presenta despertando pesadillas antes de Navidad, pero como no sólo de cashmere vive el hombre, rebusqué composiciones y remedios. Y me pregunto:

¿Existe la composición perfecta?

No sólo cuenta la leyenda que así es, sino mi abrigo rosa pantone 2016, que invierno a invierno resiste con la discreción que da la delicadeza lo confirma. Y sin embargo, con abrigos de la misma tienda y misma composición llegó el desastre. Dicen que nadie es perfecto.

¿Existe el remedio perfecto?

Lo crean o no, leo con estupor que hay páginas que recomiendan afeitar las prendas. Sin crema, claro, a contrapelo. Lo que no dicen son las irritaciones que sufre el tejido, los cortes y las posibles calvas de una mano siniestra, que no zurda.

Y el invierno se llena de bolas, bolitas y bolazas, parecen crecer y crecer en derredor.

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Pd. Si me ven arrancando bolitas a jerséis o abrigos, no se asusten, llegó el invierno y las confianzas, y así, tirando de ellas, como de una trama posible e improbable, se me desprende la banda sonora de un otoño salvajemente literario, “Hasta los andares“.

Feliz 2017, entramado, colorido y

lleno de historias por las que brindar.

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27. Transición

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transición.

(Del lat. transitĭo, -ōnis).

  1. f. Acción y efecto de pasar de un modo de ser o estar a otro distinto.
  2. f. Paso más o menos rápido de una prueba, idea o materia a otra, en discursos o escritos.
  3. f. Cambio repentino de tono y expresión.

□ V.

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Transición es el paso de un estado a otro: de un modo de ser o estar a otro, como dice nuestra amiga la RAE. Ser o estar, acción y efecto; ¿ahí está la cuestión?

Cuestiones diversas, de cambios, de tonos y estaciones.

Transiciones hay muchas, la primera que muestra San Google al introducir el término es la española. En termodinámica son los cambios de estado (líquido, sólido, gaseoso y plasma) y en el textil no podía faltar: colección puente puesta a la venta a la par que las rebajas como anticipo de la colección de la próxima temporada.

Hay transiciones impuestas y elegidas, y ésas últimas son las de los valientes, las de los imprescindibles que decía Bertolt Brecht. De las impuestas encontramos la clásica vuelta al cole (veáse cole o trabajo, lo mismo da) y compartiendo tiempo, pero no espacio, a no ser que nos dediquemos por ejemplo a la recolección frutal; la cosecha, que contempla del 21 de agosto hasta el 21 de septiembre como periodo de recolección del fruto que ha crecido a lo largo del año –escribo estas palabras con uvas de moscatel endulzando la tarde, la boca y tal vez hasta los pensamientos, sabrosas herencias familiares, supongo-. Lo mismo ocurre con las ideas, ese pequeño germen que ha ido gestándose; estallando en primavera, creciendo y tomando forma bajo el sol del verano para finalmente resolver qué hacer con ellas. Si vestirlas de colores otoñales y continuarlas en su particular transición hacia un rumbo imprevisto, dejarlas en stand by o asimilarlas como un error y situarlas en la bandeja de aprendizaje.

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De algún modo son y serán las que nos envuelvan en lo que dure el viaje. A veces soñamos con serpientes que dejamos se suban a nuestro camino, nos vestimos de ellas, camuflándolas, o no, convirtiéndolas en el complemento de la temporada, como quien lleva a su chiguagua en el bolso, o a un periquito como estrambótico sombrero.

Serpientes o símbolos, qué más da.

Pero volvamos a la que nos ocupa, el final del verano es tal vez la transición más evidente, primaveras aparte. Mutamos, como las serpientes, desprendiéndonos de nuestra piel, como de un pasado, oscureciendo los días, los colores y cubriéndola de tejidos transitorios que se diseñaron en la transición anterior, cuando brotaba la primavera y florecían las ilusiones para presentarla poco antes de la caída de las hojas, ahora, en este momento previo, (pre fall), poco antes de ese desprendimiento al que los ingleses llaman otoño (fall).

(Hago aquí un pequeño paréntesis del significado de esta palabra: FALL, del inglés: Otoño, además de caída, catarata, nevada, desprendimiento, descenso. Reconozco cierta fascinación de dicha relación de los términos relativamente dantesca hacia una bajada, un ocaso natural; las hojas, el agua, la nieve, las rocas…Pero Vogue nos pone los pies en la tierra desprendiéndonos de la poética simbólica para concretar en lo práctico, aquí tenéis para saber más:

http://www.vogue.es/prefall/temporadas/prefall-2014/76)

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Y del otoño, otoñamos.

otoñar.

(Del lat. autumnāre).

  1. intr. Dicho de una persona: Pasar el otoño.
  2. intr. Dicho de la hierba: Brotar en el otoño.
  3. prnl. Dicho de la tierra: Sazonarse, adquirir tempero, por llover suficientemente en el otoño.

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Rebrotamos tras la caída de la fruta madura, con las ideas en nuestro equipaje.

Todo tránsito es un viaje relativamente desconocido a alguna parte, a algún estado y dicho cambio es deseable que sea la consecuencia de una elección, lo demás es arrastre de mareas muertas.

Y ahí está la magia de este oficio, una transición constante, que regala la oportunidad de volver a levantarse a través de discurso que presenta tan sólo una imagen, la que se construye a través del color, el tono, el estilo y las decisiones; la expresión como consecuencia de un ser y un estar distintos. Sí, muy simbólico, no lo puedo –ni quiero- evitar.

Este no es un artículo sinsentido, es un texto auto-motivacional para el regreso a este mundo de transiciones, que no transacciones, no las mías, ni las nuestras, y es un texto que quiero regalar a mis queridas valientes, ¡otoñemos una y mil veces!

“Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos.”

Hoy 26 Agosto, Cortázar en las palabras perdidas, tendidas al sol, para encontrarlas, para escribirlas y así, poco a poco, recuperar un poco de lo importante, de lo invisible.

Y a veces, incluso, “soñamos con serpietes”…