81. Hilachas lejanas.

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hilacha

 

  1. f. Pedazo de hilo que se desprende de la tela. U. t. en sent. fig.
  2. f. Porción insignificante de algo.
  3. f. Resto, residuo, vestigio.

descubrir, o mostrar alguien, la hilacha

  1. locs. verbs. coloqs. Dejar ver sus intenciones o defectos.

 

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Hubo personajes que nacieron de darle vuelo a la hilacha.

Refrán mejicano que describe la actuación despreocupada de actos de destruyen o desgastan el tejido sin pensar en consecuencias.

Son los personajes los hilos que alimentan los textos, los que tejen las historias.

Se los encuentra en cualquier parte. A algunos se los rescata de un sueño, a otros se los conoce en persona. Éstos últimos aparecen en cualquier lado: algunos del seno familiar; de un recuerdo de la infancia; otros se encuentran un atardecer en un aeropuerto lejano.

Lo importante es desenmarañarlos de los dobladillos, siempre.

 

Existen:

Los personajes patrón: allí donde no manda marinero y se encorsetan arquetipos como medidas tatuadas en la piel. Patrones, sean plantillas u originales que se trasladan al tejido y enjambre de personajes para convertirlos en prendas, las fundamentales.

Los personajes sastre: aquellos que confeccionan y sostienen la estructura de la trama porque nudo que el sastre no dio, puntada que se perdió.

Los personajes orillo: o remates naturales, porque del dicho al hecho, hay un trecho. Son aquellos que evitan que los demás se deshilachen, no son ni el principio ni el final de la pieza.

Los personajes dedal: esos que ayudan, que están, a los que se coloca -injustamente- en el lugar de dar para no dejarlos desmarcarse, y que cuando quieren hacerlo, generan conflicto, sin olvidar que costurera sin dedal, cose poco y cose mal.

Los personajes aguja: bien conocidos por ser tan improbables como una aguja en un pajar, asaltan costuras para desangrar-nos y pueden acabar pinchando de más.

Los personajes hilacha: cabos sueltos que se enganchan en la trama, son aquellos desprendidos que se convierten en enredo o misterio y demostrando que la espera, desespera y que quien calla, no necesariamente otorga.

Los personajes alivio: son aquellos que no duelen prendas, alivio de luto en muchos casos, vestiditos de azul marino y colores oscuros, como marcan los protocolos.

Los personajes tara (cebo o pecado): quizás los más peligrosos, aquellos que aparecen dando ganas de hincarles el diente con apariencia deseable y desaparecen sin explicaciones, que a hierro matan, y a hierro mueren, reventando los más delicados e improbables hilvanes.

 

Hay personajes de todo tipo, aquellos puramente ortodoxos, o los que son un enorme paisaje, un tejido propio en sí mismos. Los hay que, incluso, logran tejerse a sí mismos construyendo sus propias tramas y urdimbres al otro lado de los que nos abordan a un lado del teclado, de la imaginación o de misteriosas, incluso irrespetuosas, desapariciones.

 

Puede que en el fondo todo sea eso, que vayan desfilando hebras sueltas, algunas llenas de ausencias y distancias, otras se dejan rozar y acaban por ser aquellos de los que escribir, a los que hacer felices o a los que hacer sufrir apretando bien fuerte los dobladillos hasta dejarlos sin aliento. Porque, queridos entramados, ésa es la maravilla de las historias, que ponen voz y nombran todo aquello que las hilachas lejanas silencian, niegan, reniegan y rehúyen.

A su salud, pecadores.

BSO. Sinnerman, Nina Simone.

 

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5 comentarios en “81. Hilachas lejanas.

  1. ¡¡¡Qué buena versión !!!

    “Paquita la culona”, a hierro mataba, pero a hierro no murió…….lo hizo en una cama de hospital
    mezclado con hilachas de excrementos en forma de melena, que confundían al autor con la materia fecal. ( Según los partes médicos del equipo médico habitual )
    Así fue su vida y así fue su muerte.

    El Empecinado.

  2. A veces es difícil adivinar si un personaje será de un tipo u otro, e incluso si mutará de un tipo a otro. Por eso me gustan tanto los personajes dedal y orillo porque son aquellos que parece que no están, que no aportan nada a la narración, pero que si desaparecen se deshace la trama como un castillo de naipes sin que nadie quiera reconocer que todo era mérito de ese personaje que estaba entre bambalinas evitando la catástrofe y soportando toda la trama.
    Por todo esto, muchas gracias por este precioso texto tan textil, tan literario y tan como la vida misma.

    Ignacio J. Dufour Garcia

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