79. Corales -naturaleza viva, naturaleza muerta-.

2018-12-07_coral

naturaleza

De natural y -eza.

 

  1. f. Principio generador del desarrollo armónico y la plenitud de cada ser, en cuanto tal ser, siguiendo su propia e independiente evolución.
  2. f. Conjunto de todo lo que existe y que está determinado y armonizado en sus propias leyes.
  3. f. Virtud, calidad o propiedad de las cosas.
  4. f. Instinto, propensión o inclinación de las cosas, con que pretenden su conservación y aumento.
  5. f. Fuerza o actividad natural, contrapuesta a la sobrenatural y milagrosa.
  6. f. Especialmente en las hembras, sexo (‖ condición orgánica).
  7. f. Origen que alguien tiene según la ciudad o país en que ha nacido.
  8. f. Complexión o temperamento de cada individuo.

naturaleza humana

  1. f. Conjunto de todos los seres humanos.
  2. f. Conjunto de cualidades y caracteres propios de los seres humanos.

naturaleza muerta

  1. f. Cuadro que representa animales muertos o cosas inanimadas.

 

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“Torso mitad coral, mitad plata y penumbra”.

Arlequín. Federico García Lorca.

 

Hubo naturalezas muertas que sembraron museos y tejidos hasta llenar los armarios de oscuridades. Crecieron como árboles en la ciénaga, con camisitas blancas recién planchadas y lisonjeras alhajas.  Hubo árboles que brotaron de terrenos yermos, pero esta no es su historia.

También hubo naturalezas vivas; naciera o no el coral de la sangre de Medusa decapitada, se convirtió en leyenda bajo las profundidades eternas de la larga noche. Las que dibujaron el horror, la vida y la muerte envueltas en pura sensualidad, revueltas como Eros y Tánatos.

Fuera o no el coral la cabeza de la diosa piedra mutilada por Perseo, sus cabellos se convirtieron en ramas; vivas y calientes, en aguas negras. Las que los poetas llenaron de anhelos. Las que obsesionaron a Grenouille hasta convertir el color en aromas especiados, picantes, pimienta rosa sobre cabellos corales, árbol de las profundidades, animal salvaje que vive como planta y muere como roca haciendo del bosque, arrecife. Y así, como si de magia se tratara, se unieron los tres reinos al fondo del mar, donde se arrancaron los perfumes, se desnudaron las miradas que cayeron enrojecidas como el incierto devenir de las olas, sin freno.

Corales contra inundaciones.

Imagino las bonitas -quizás improbables- intenciones de Pantone para coronar al nuevo color del año, haciendo del que en 2018 fuera el año Internacional de los Arrecifes de Coral para impulsar la concienciación sobre su preservación. Quiero pensar que es la forma del Estudio del color de formar parte de los cambios que vendrán, para que no se pierda la batalla contra el cambio climático. Para que puedan seguir siendo Living Coral.

Para saber más:

https://www.lavanguardia.com/natural/cambio-climatico/20180731/45420509617/los-arrecifes-de-coral-pierden-la-batalla-contra-el-cambio-climatico.html

Porque años atrás, ya hubo quienes tomaron medidas:

https://entramada.wordpress.com/2014/07/23/26-artificial-por-favor/

Y hoy, sean cabellos de color coral, puro sueño místico o incluso poesía, siguen vivos.

Sirva de homenaje a una mujer que luchó por su propia naturaleza viva, Simone de Beauvoir que aún hoy, su obra resiste como los arrecifes de coral.

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78. Identidades.

los amantes, R. Magritte

identidad

Del lat. tardío identĭtas, -ātis, y este der. del lat. idem ‘el mismo’, ‘lo mismo’.

 

  1. f. Cualidad de idéntico.
  2. f. Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás.
  3. f. Conciencia que una persona tiene de ser ella misma y distinta a las demás.
  4. f. Hecho de ser alguien o algo el mismo que se supone o se busca.
  5. f. Mat. Igualdad algebraica que se verifica siempre, cualquiera que sea el valor de sus variables.

 

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Identidades hay muchas.

Las que existen a pesar de las miradas del otro, o precisamente por ellas.

Las sinceras, las controvertidas y las incompletas.

Sin embargo, vivimos en una realidad que parece necesitarlas completas, cuando quizás, sólo sean síntomas de grietas ajenas.

Los puzzles van creciendo y desarrollándose con los años. El espacio vacío sigue generando inquietud a pesar de sus múltiples posibilidades.

Ser o no completa, quizás tenga poco que ver con la plenitud personal.

No somos completos o incompletos en función del otro, sino de la percepción que nuestros huecos enredan, de lo que nuestros velos ocultan, de cómo los vacíos alimentan o no, supongo.

Somos, pero también podemos no ser simultáneamente.

Ser doctor Jekyll y Mr. Hyde, y viceversa.

Nunca supe cuál era cuál en su juego de espejos, quizás porque formaban parte de un todo, fueran completos o no por sí mismos.

Lo mismo me ocurrió durante un tiempo con la trama y la urdimbre. Y con las contradicciones amarradas a las hilaturas, comencé a desentramar los silencios, aquellos vacíos que formaban parte también de mi identidad.

De mi nombre.

El que reivindiqué durante años de trabajo.

Qué ingenuo y qué duro. Qué simple y qué complicado.

Ser quien una es, no por hija, ni pareja, no por género, ni por edad.

¿Por qué la historia nos robó tantos nombres propios? ¿Por qué el presente aún lo hace?

Quizás tenemos pocas cosas más que una voz y un nombre, hay reivindicaciones que ojalá no fueran necesarias ni actuales. Pero lo son.

Del mismo modo que ser y estar incompleta me ayudó a crecer, a aprender, y a sobreponerme.

Del mismo modo que hay identidades que llevan siglos determinándose y diluyéndose en lo relativo a la pertenencia al grupo que tanto parece fascinar. Como sus estilismos, como sus voces, como sus maneras de ser y de mirar, tan completas, incluso hay plenitudes que poco tienen que ver con ellas.

Hay lugar para todo, para todos.

Para identidades múltiples, incluso para aquellas des-generadas.

En ese lugar, a veces invisible, se encuentran aliados.

Las palabras siempre lo fueron, a un lado y al otro del textil, de tantos cabos sueltos, de tantas muestras sin acabar, de tramas posibles e improbables, de costuras por rematar.

Gracias a ellas, aprendí del oficio, pero también crecimos como las plantas salvajes, entre rocas, tejimos una red que fue nuestra, como suceden las estaciones y caen las temporadas.

Cerramos puertas y abrimos ventanas en este año 2018, el del color ultra violet, de las tardes lavanda, las mañanas reivindicativas y las identidades lluviosas.

Gracias a todos los que me acompañasteis hasta aquí, en este año convulso, lleno de cambios y sorpresas.

Gracias a todos y en particular a Arturo, por enseñar, pero también por dejarnos aprender juntos el uno del otro, sin perdernos, sin olvidar nuestra voz, nuestra identidad, aunque nos costara.

 

77. Romper. (O la atracción del feísmo).

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Romper. Del lat. rumpĕre. Part. irreg. roto.

  1. tr. Separar con más o menos violencia las partes de un todo, deshaciendo su unión.
  2. tr. Quebrar o hacer pedazos algo.
  3. tr. Dividir o separar por breve tiempo la unión o continuidad de un cuerpo fluido, al atravesarlo. Romper el aire, las aguas.
  4. tr. Interrumpir la continuidad de algo no material. Romper la monotonía, el hilo del discurso, el silencio, la tregua, las negociaciones, el noviazgo.
  5. intr. Dicho de las olas: Deshacerse en espuma.
  6. intr. Tener principio, empezar, comenzar. Romper el día. Romper a hablar. Romper la marcha.
  7. intr. Manifestar a alguien la queja o el disgusto que de él se tiene, separándose de su trato y amistad. Romper CON un amigo.
  8. intr. Prorrumpir o brotar.
  9. intr. Dicho de una flor: abrirse (‖ separarse los pétalos).

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  1. loc. adj. coloq. De ánimo resuelto y gran desenfado.

 

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“Dicho de las olas: Deshacerse en espuma”.

Ojalá nos rompiéramos como las olas, deshechos en espuma.

Pero lo cierto es que solemos rompernos en una ciénaga. La misma que muchos habitan.

Convirtiendo en recuerdos lugares que sobreviven pero apenas existen como los descubrimos. Así como se cierran puertas para no regresarlas, se construyen nuevos caminos.

Se desgarra la lana vieja, se rasga la seda más delicada, se mueren las gardenias y se desangran las modas como se zurcieron mensajes en las costuras.

La realidad tiene mucho de ruptura, con el pasado, dicen, con la clase establecida, tal vez. Así, de vuelta y media, el feísmo se sube a sus plataformas, dentro y fuera de las pasarelas y se deja el pelo sucio -sí, como lo leen- para reafirmarse.

Quizás, como paradojas hay muchas, sea la exhibición de la imperfección, no de su arreglo, ni de remiendos que caen en el olvido; tal vez, metáfora de convivencia con la desidia haciendo jirones ideologías, o incluso la burla del sistema de quienes consumen, consumen y consumen hasta que quemen los bolsillos que se sean lo único que no se rompa ni deshaga en las tendencias.

¿Todo llegará?

OI 2018-2019 de Gucci

OI 2018-2019 de Gucci

Michael Kors sostiene que el estilo es lo contrario a la moda: “no tiene que ver con el vestir, es el reflejo de cómo piensas y cómo vives”.

Entonces ¿quiénes son aquellos que alimentan dicho feísmo?

¿Acaso el mal gusto nace como reacción al gusto de lo que se ha llamado históricamente clase dominante?

En el fondo, esta ruptura me lleva irremediablemente a preguntarme ¿qué es la belleza? ¿responde ese instinto de degradarla al mismo rincón del inconsciente en el que un adolescente busca “matar al padre”?

 

Umberto Eco en Historia de la fealdad suscribe que lo feo no es el infierno de lo bello. Ambos pertenecen a distintos registros estéticos, construcciones sociales y culturales que varían según el entorno y sus circunstancias. Ahora que vivimos inmersos en la constante exhibición de cada entorno, a través del espejo, que diría Lewis Carroll, nos asomamos a un abismo inesperado que convive con una realidad que poco tiene que ver con los cánones clásicos de belleza, seguramente.

Y así ocurre, que el feísmo no sólo estético, se instala en nuestra mirada, en nuestra realidad. Se expone aquello roto sin intención ni intento de arreglo, incluso como triunfo del que enorgullecerse.

 

Oscar Wilde definía a la moda como una forma de fealdad tan intolerable que se debe alterar cada seis meses, y así lo confirma el propio Demna Gvasalia “Mi ropa es fea, por eso gusta tanto”, comentaba orgulloso.

 

Este año la estructura de unos tejanos, por llamarlos de algún modo, se venden por 140€ en Carmar. Leo con asombro artículos en los que se preguntan si alguien se pondría algo roto cuando llevamos años viendo cómo el desgastado y las roturas alcanzan lo que para muchos, quizás en otra época, serían las más altas cotas de la miseria.

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Pienso en quienes fueron sastres o costureras, en los milagros que hacían con zurcidos y costuras impecables para alargar a base de remiendos las vidas de prendas ajadas, incluso en la lucha contra polillas irreverentes (que parecen haberse dado un festín con dichos tejanos).

Pero no puedo evitar sonreír al imaginarme a un Banksy del textil detrás de esta gamberrada, a falta de performance, ya saben, que los convierta en El traje nuevo del emperador versión 2018.

 

¿Qué pensarían si regresaran y vieran el espectáculo en el que se ha convertido el oficio?

 

Prendas que ahora viven en esta vorágine de vida líquida, tan efímero como amores sin lucha que se deshacen sin la belleza de la espuma de las olas, donde habitar, a veces en los márgenes, donde el brillo no consiste en el efecto sorpresa, sino en el estilo del que hablaba Michael Kors, ahí donde una lentejuela a plena luz del día ilumine más que todas las noches de fiesta empapadas en feísmo, ahí donde se romperse en espuma.

 

 

Hoy una recomendación y un recuerdo.

La primera es contra el feísmo que nos rodea, alimentando una belleza natural, sostenible y respetuosa con los animales y el planeta. http://naib.es/

(Podría decir que siento cierta nostalgia del poso que los gnomos dejaron).

 

22 de noviembre es y será una fecha de un pasado que nos trajo hasta aquí.

Hubiera sido el cumpleaños del Botella original en el mundo del textil al que tanto mi padre como yo le debemos un oficio. Dos gardenias para él.

76. Revival.

 

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Revivir.

Del lat. revivĕre.

 

  1. intr. resucitar (‖ volver a la vida).
  2. intr. Dicho de quien parecía muerto: Volver en sí.
  3. intr. Dicho de una cosa: Renovarse o reproducirse. Revivió la discordia.
  4. tr. Evocar, recordar. Revivió los días de su infancia.

 

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Dícese de aquello que se creía muerto y enterrado.

¿Se convierte así la moda en un fantasma?

Quizás, quizás, quizás.

Al menos, como poco, en la no muerta, ni viva, sino a veces, todo lo contrario y viceversa.

En lo que la inspiración impone y las musas se trabajan, se reviven accesorios extintos en lo que se dio por llamar buen gusto, para regresar caiga quien caiga.

Estamos ante un nuevo ciclo de revivals.

Ya fue el momento de las mallas, leotardos, fuseaux transformados en leggins.

Fueron las hombreras, los colores flúor, los cardados y las riñoneras el leitmotiv de mi infancia. Fuimos muchos los que crecimos en los años ochenta que tantos parecen añorar, ¡ay, qué dulce y peligrosa es la nostalgia que difumina tantas verdades!

 

Cuentan que a veces se diluyen los malos recuerdos, que incluso se borran. Hay quienes creen que sólo se valora lo que se ha perdido. Tremendo. ¿Será consecuencia de delegar las elecciones? ¿De no aceptar y luchar en las realidades, quizás?

A veces hay fantasmas que arañan el presente hasta que se aceptan que formaron parte de un pasado, quizás sean aquellos los que no nos nieguen el reflejo del espejo, quienes formen parte de una memoria subjetiva y coherente.

Ser consecuente es delicado, sin duda.

Serlo cuando existen subjetivivades en juego, aún más.

Pero ¿no es justo la integridad decirse la verdad a uno mismo y la honestidad al resto?

Asumamos que las decisiones pueden no ser las correctas, pero son las nuestras.

Las de elegir una riñonera -ojo, Fanny pack o belt bag acabaremos por llamarlas en el sector que respira snobismo, ya lo estamos viendo y viviendo-, incluso las de equivocarnos descartando que las diademas de la infancia, las anchas de terciopelo, las intermedias con púas como dientes, las finitas que apretaban la sien o peor aún, que las pinzas para el pelo, que tantas veces imaginé con voraces dentaduras, ahora descubro cuyo nombre también parece un recuerdo de la época, pinzas piraña, tan cómodas para el hogar, sean Street style, o lo que es lo mismo, estilo callejero.

 

Sin anhelos reprimidos, entra en escena uno de mis peores enemigos textiles de la infancia: el buzo, digo verdugo, porque no somos, ni pretendemos, Audrey Hepburn, aunque se añore su clase, su elegancia y su humor en nuestros modelitos invernales, o al menos, otoñales, que parecen ansiosos de salir, por fin, de nuestros armarios, vestidores o guardarropas.

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Recuerdo aquella prenda con el sudor de la respiración, que no siempre era lo nasal que debía, gracias a las vegetaciones que patrocinaban los muchos resfriados de mi infancia, y el picor de una lana que estaba muy lejos de tener la suavidad del cashmere.

Era final de los años ochenta, principios de los noventa.

Lo que entonces ocurrió, allí quedó, con unas libertades hoy diluidas, con un humor tan negro como los ilimitados signos de la censura permitían, y, sin embargo, despiertan a la bestia estilística de entonces, las hombreras me permitan, para emularse cual espíritu de un recuerdo, la sombra del guardarropa que fue.

¿Será el verdugo el indispendable -o must– de la temporada?

Cuyo nombre irreverente, fue antifaz del pseudo héroe de a pie que hoy se convierte en fetiche aspiracional. Así funcionan las modas y los fantasmas. Dicen que las pasarelas se han vuelto políticas cuando las calles se llevan de medios de comunicación.

Sálvese quien pueda, decían.

¿Qué será lo próximo?

¿Agentes textiles en patinete?

Todo se andará, y sino, “se hace camino al andar”.

 

Pd. Perdonénme este delirio transversal, a veces se necesita vaciar la mente, dejarse llevar por el tac tac de las palabras diseccionadas sobre el teclado después de días de cambios.

Y así, rodada de tanto revival, me recuerdo -Amanda, la calle mojada, en una infancia y una adolescencia que me trajeron hasta aquí.

Hasta el Día de las escritoras 2018.

Hasta Joan Báez.

Disfruten del otoño, de la lluvia y ¿por qué no? de la nostalgia, que con moderación, sabe dulce.

 

75. Inflexión (de inflexionar).

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inflexión.

Del lat. inflexio, -ōnis.

 

  1. f. Torcimiento o comba de algo que estaba recto o plano.
  2. f. Elevación o atenuación que se hace con la voz, quebrándola o pasando de un tono a otro.
  3. f. Geom. Punto de una curva en que cambia de sentido su curvatura.
  4. f. Gram. flexión (‖ alteración de algunas voces).

 

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Siete años y medio.

Siete años y medio, y una semana.

Recordamos, quizás, con muchas más distancias aquella primera vez.

Vestía: camisa blanca de día, vestido rojo de noche.

Cenamos italiano en un parque parisino.

Las horas pasaron con un reloj muy distinto al que hoy marca mi ritmo, mi tic tac, tic tac.

Suelos púrpuras, paredes color vino: burdeos, pinot noir, côtes-du-rhône… y hoy, en los pasillos, más de una carrera.

Tantos encuentros y desencuentros en estos años.

Los mismos en el avispero que siempre imagino que es Première Vision.

Aprendí que el mañana rara vez existe, que existimos en un ahora plural, caleidoscópico, subjetivo y distorsionado, que es el nuestro.

El del desafío constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta, porque siempre hay un momento para cada canción, sea diferida o en persona, personalmente

Son, fueron y serán conversaciones de feria bajo los sofocantes focos los que alimentaron estos años; donde las que hoy son mujeres serpiente, quizás se conviertan en tigresas después de haber pasado años siendo leopardas; fieras en las ferias, seguirán devorando prints porque ya no digieren estampados, serán trendy porque las tendencias se agotan, flamencos rosas en las esquinas nos lo recuerdan, no así el constante devenir de la mancha animal, que dirán las revistas que vuelve, cuando no recuerdo que se hubieran alejado ni diez metros, ni en las ferias, ni en la calle… respirarán invierno según marquen los cánones, los desfiles y los gurús en este otoño que como ya ocurrió con la primavera, se está haciendo de rogar.

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Cuentan que el animal print es una tendencia que se inició en la New York Fashion Week, o lo que es lo mismo, la semana de la moda de Nueva York, presentados por Tom Ford. La presencia animal también destacó en la semana de la moda de Londres de la temporada que nos ocupa 2018/2019. Versace sigue las huellas de Tom Ford recoloreando de neón y Dolce & Gabbana alimenta una jungla con looks que van más allá del clásico leopardo virando hacia las cebras, jirafas y tigres.

 

Desfile Dolce Gabanna OI 2018/2019. Fuente Vogue.

Vivimos en un sector circular, dinámico y sin embargo, en constante digestión.

Han pasado cuatro años de aquel texto de transición, en este otoño de pura inflexión, seguimos soñando con serpientes, la mato y aparece una mayor / con mucho más infierno en digestión.

https://entramada.wordpress.com/2014/08/26/27-transicion/

 

Lo aprendido se convierte en música, lo compartido tiene el sabor de nuestra memoria, tirando a salado, a aperitivo, en este atardecer que nos alcanza de lo que fue este viaje juntos.

Allí donde el oficio creció, allí donde se sembraron amistades.

Allí, donde arrancaron los cambios, los suyos, los míos, los nuestros.

Donde comba la curvatura, donde se bifurcan caminos y se traman los años.

Donde siempre me empapa antes el otoño, donde París se vuelve música al anochecer; el piano, el vino y el queso; la lluvia, les feulles mortes, las serpientes de mar.

 

Siete años y medio.

Siete años y medio, y una semana, del verbo inflexionar, que no existe, pero quizás, existirá, inundado de palabras, de recuerdos, los nuestros.

 

A mi padre, compañero y cómplice.

Gracias.

74. Estructurados.

urdimbre y trama

Estructura.

Del lat. structūra.

  1. f. Disposición o modo de estar relacionadas las distintas partes de un conjunto.
  2. f. Distribución y orden de las partes importantes de un edificio.
  3. f. Distribución y orden con que está compuesta una obra de ingenio, como un poema, una historia, etc.
  4. f. Armadura, generalmente de acero u hormigón armado, que, fija al suelo, sirve de sustentación a un edificio.

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  1. f. Gram. Conjunto, generalmente ordenado, de los argumentos de un predicado.

 

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Las estructuras son para el verano.

Las que convierten en sombra los muros callejeros, las que se dibujan hilvanadas en vestidos vaporosos, las históricamente difamadas, las frívolamente laureadas, las que nos roban un trocito de desnudez estival.

Porque en el fondo, las estructuras son al textil lo que una buena trama a una historia, con un sinfín de formas de orillo a orillo, creando volúmenes de apariencia lisa, protagonizan los detalles, como la sorpresa de un tacto inesperado; como ocurre en los cuento donde la corteza de un árbol muestra un escondite; como en el textil la diagonal de una gabardina recuerda a un instante familiar no vivido; como en mi imaginación, una costura rota revela una nota olvidada, ahí donde se guardan los secretos.

Los dobladillos contra el olvido, puntada a puntada, convierten tejidos en estructuras, en formas, en cuerpo. Así como se elevan los esqueletos textiles con hilaturas, con fornituras, pero también se convierten en piel y escamas, desalambrado como una canción rasgada, como se rompen y deshacen las costuras quemadas por el sol.

Por el mismo sol que devuelve la diagonal de una gabardina a un presente que viaja con la rapidez de la luz, que no es la misma al amanecer en poniente que al atardecer en la memoria; la arquitectura de las sombras, de la infancia que se llenó de estructuras que giraban como las ruedas de la carretilla que empujaba mi abuelo, tac tac tac tac,  dibujando diagonales en la sombra con sus brazos, rompieron verticalidad y horizontalidad, urdimbre y trama, pasado y futuro en un mismo plano. Todos girando sobre las estructuras que se derriten en un telar cuando suenan -y sueñan- las chicharras.

De aquel sabor a infancia, llegan las tardes de verano convertidas en ornamento y sencillez, estructuras que se convierten en purita contradicción como un texto de madrugada que asalta por algún que otro anhelo, aquellos que convirtieron entramados sin principio ni final, irrupción en los orillos de un recuerdo que sabe tanto a verano como se llena de polvo la arquitectura del olvido, el mismo que a veces soportan andamios de costuras deshechas, como de tramas desconchadas.

 

14 de julio 2018. Summertime Andrea Motis

73. SOStenibles

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sostenible

  1. adj. Que se puede sostener. Opinión, situación sostenible.
  2. adj. Especialmente en ecología y economía, que se puede mantener durante largo tiempo sin agotar los recursos o causar grave daño al medio ambiente. Desarrollo, economía sostenible.

 

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Sostiene Pereira que lo conoció un día de verano*”.

Sostiene, incluso, que así comenzó un gran idilio textil, uno del que cuanto más sabía, más gustaba.

Sostiene que, como ocurre en la ficción, los amores textiles también se pueden convertir en textuales.

Y así, como suceden los flechazos, nació el amor por el Tencel, a través de un tacto ciego.

Llegó para anidar en mi armario…

Pero empecemos por el principio; TENCEL® es una marca registrada desarrollada por Lenzing cuya fibra procede de la pulpa de eucaliptos que crecen en granjas sostenibles certificadas por el Forest Stewardship Council (FSC) y la fibra lleva el sello de calidad Pan-European Forest Council (PEFC). Lyocell es su nombre genérico, que puede ser sostenible pero no está garantizado.

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Por tanto, es una fibra regenerada por la mano del hombre, pero no es sintético ni se usan químicos ni solventes tóxicos para su producción, sino orgánicos que después son o pueden ser reciclados. Además, se la considera una fibra de celulosa de alta tenacidad, es decir, de gran resistencia y biodegradable.

¡Cuántas maravillas! Pero, ¿dónde está la pega pensarán nuestras mentes ensombrecidas?

Pues aún hay más beneficios de su uso:

  1. El tejido absorbe y regula la humedad. 50% más que el algodón y que la lana.
  2. Resistente a los olores. Previene el crecimiento bacteriano a través del manejo de la humedad de la fibra, y por tanto libre de olores, lo que significa menos lavados -a mano o a máquina en frío- y ahorro en agua y energía, evitando además el desgaste en dicho proceso.
  3. Hipoalergénico. No es probable que este material cause una reacción alérgica. También es antiestático y antiadherente.

Cuestiones sostenibles respecto a otras fibras regeneradas:

  1. Cultivo sostenible: Obtenido de árboles de eucalipto cultivados en granjas, sin manipulación genética, riego o pesticidas.
  2. Químicos no tóxicos: Los químicos empleados para su producción no son tóxicos, evitando la contaminación de emisiones de aire y agua, así como el uso de agentes catalíticos ni lejía para su elaboración.
  3. Sistema de circuito cerrado: El tratamiento de la pulpa de madera usada para producir la fibra de Tencel (junto con Cupro y Modal), es decir, los productos químicos empleados pueden extraerse posteriormente y el 99% del agua y el solvente se reutilizan, mejorando la preservación de dicho recurso.

 

Mientras, hay muchos mundos textiles, los que sostienen teorías insospechadas, insostenibles como replicantes desintonizados y aquellos que convierten nuestros armarios en lugares mejores que habitar, respetando bosques y convirtiendo la causa textil en reivindicación desde ambos lados de la barricada, porque así debe hacerse, como responsabilidad común y compartida para que no quede todo en señales SOS de humo dispersas.

Special thanks to Gülipek, one textile company which do their best for a better world, company which develops new fabrics with sustainable fibres, company which I’m proud to work with. http://www.gulipek.com.tr/

 

Sostiene P. que los recursos no se agoten de puro cansancio…

*Comienzo de Sostiene Pereira, novela de Antonio Tabucchi.