106. De cuentos, vuelos, alas y primavera.

cuentacuentos

1. m. y f. Persona que narra cuentos en público.

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Todos los cuentos de mi infancia tienen su voz.

Éranse muchas veces. Ni todas fueron un principio, ni un final.

Ella llegó a este mundo un día de tormenta. Al menos, eso cuentan. Sin embargo, desde muy pequeñita, ya era fuego.

Podría haber cruzado al otro lado del río o de la laguna sin Caronte, pero aún no lo sabía. Y, de no haber sido por ellos, hubiera tardado mucho más en aprenderlo, o quizás, no lo hubiera hecho nunca.

Quizás llenaron su infancia de flores, de buenos alimentos y de risas. Quizás, tan sólo le dieron algo tan pequeño y tan enorme como un lugar.

Y así fue creciendo, a los dos lados de la magia. Pero es cansado nadar contracorriente. Escondía sus alitas doradas de un mundo gris. El que la dibujaba en blanco y negro. El que la escribía con ideas que no eran las suyas. Pero el fuego no se apaga con cualquier tormenta. Eso también lo supo, aunque no dijera nada.

Los cuidados y afectos fueron revolucionarios en un mundo áspero. Cada una tuvimos nuestra propia suerte: hubo familias sin sangre y otras desmembradas, amistades incondicionales y amores improbables. También, todo lo contrario. Y como en un río, no dejó de resonar otra verdad verdadera: lo importante es la salud. Porque salud también fueron las elecciones. Las de aquellos vuelos necesarios, las que hicieron camino. Y la risa también alimenta. Aristóteles lo sabía, presuntamente dedicó su segundo libro de poética al humor, como instrumento de la verdad. La risa destruye al miedo, y sin él, la libertad está más cerca.

Y ella reía. Lo hacía con la supervivencia de un brote a destiempo. Trayendo siempre la primavera. Con cada carcajada le fueron creciendo sus alas de un oro tenue. Ésas que, algún día, la harían volar alto. Pero entonces, aún no lo sabía. Se le caían las plumas por no poder agitarlas. Por no darles el vuelo que necesitaban para no oxidarse. Y pintó en sus alas pequeños laberintos como si fueran un plan de huida. Igual que en las nubes, o las formas del agua. El mundo se llenó de patrones. Como si se tratara de un estampado gigante. Como si no se hubieran perdido los campos de amapolas, margaritas o girasoles.

Cuentan que incluso, le crecieron flores de un pasado que ya no existe. Otras, llenándose de silencio, se ahogaron en el olvido. Las que no pasaron a otro tiempo, quedaron a este lado y, es posible, que, a pesar de los pesares, aún la acompañen. Aún respiren con ella. Con cada uno de los cuentos que contó. Los que quedan por soñarse.

A mi madre.

pd. Estampados de la colección de LEV.

BSO. Birds On a Wire. Sur la place. 

105. Polemiza, que algo queda.

¿Existe la sororidad?

polemizar

Del gr. πολεμίζειν polemízein ‘luchar’, ‘combatir’.

intr. Sostener o entablar una polémica.

polémico, ca

Del gr. πολεμικός polemikós; la forma f., de πολεμική polemikḗ ‘arte de la guerra’.

1. adj. Perteneciente o relativo a la polémica.

2. adj. Que provoca polémica (‖ controversia).

3. f. controversia (‖ discusión).

4. f. Arte que enseña los ardides con que se debe ofender y defender cualquier plaza.

5. f. teología dogmática.

zona polémica

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Vivimos en un presente que, cada vez, resulta más polémico.

La controversia muchas veces se genera porque un discurso no coincide o encaja con sujetos que creíamos eran de una forma determinada. O incluso, con lo que nos devuelve el espejo en un momento tan delicado.

Se idealizan: la familia, la amistad, la pareja… pero ¿dónde sobreviven solos?

En todas suele fallar lo mismo: la falta de cuidado. Y, claro, es extrapolable a la sociedad. Se exige constantemente lo que rara vez se ofrece. Y lo peligroso, es la falta de autocrítica o de autoconciencia.

¿Por qué resulta polémico desvincularse de los lazos familiares tradicionales? Por lo mismo que reivindicar la amistad en este momento de desamparo y abandono. Todo atravesado por lo mismo: el ego.

¿Existe la sororidad? La experiencia se me revuelve para desviar siglos de rivalidad femenina. Porque ahí está, con su larga sombra inconsciente. Ésa que se invisibiliza proyectando las inseguridades en otras. Sean o no compañeras, sean o no amigas o aliadas. Porque, a veces, parece que existe la amistad, otras, ni eso. Podría decir que me han roto el corazón más mujeres que hombres. Aquellas que creía amigas.

Sin embargo, hablar de los conflictos parece significar desde un muro a una grieta por la que no muchas quieren atravesar. Todo funciona mientras no se reivindique un malestar. Ese lugar del cuidado y el afecto que se presupone incondicional. Y, tal vez, ese sea el caldo de cultivo perfecto para romantizar la precariedad. De todos los ámbitos, humana, emocional, y claro, económica. Así, se convierten en tendencia.

Las desigualdades o injusticias tienen consecuencias. De ahí bebe la indignación, la frustración y el desasosiego. ¿Nos suena?

Sin embargo, así fue como caló el bronceado en las clases pudientes cuando antes era sinónimo de trabajo. Y caímos, claro que lo hicimos, porque, ¿quién quiere parecer enfermo?

Pues… quizás esta sea una premisa demasiado atrevida. Los hay, por supuesto. El ser humano no dejará de sorprenderme. Capaz de un espíritu de lucha increíble pero también del propio abandono a una pulsión de muerte peligrosa.

Y así sucede, vivimos rodeados de impactos que invierten la inspiración en este viaje hacia lo lumpen, y no, no me refiero a la estética. Más bien a la ética.

En el fondo, caímos en la trampa, aquella que muchos exprimen hasta dejar seca, polemiza, que algo queda.

Pero profundizar más allá, hablar de las heridas o hacerlas visibles, sigue siendo terreno abonado para los prejuicios y demás improperios por tratar de vivir coherentemente.

BSO. Who will comfort me? Melody Gardot.

A mi madre y a vosotros tres que demostráis aquello que decís; J, I, C.

104. Aniversarios sin feria.

aniversario, ria

Del lat. anniversarius ‘que se repite cada año’.

1. adj. p. us. anual.

2. m. Día en que se cumplen años de algún suceso.

3. m. Oficio y misa que se celebran en sufragio de un difunto el día en que se cumple el año de su fallecimiento.

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The moon is yellow silver.

Tom Waits.

Mes de aniversarios.

Irremediablemente nostálgica.

Sin embargo, resuena una pregunta ¿cuándo volveremos a vivir?

Ser moderadamente infeliz y otras formas de supervivencia. Desde hace tiempo, quien más, quien menos, dejamos pasar las horas, aprendiendo a sobrevivir en cierta soledad, distancia mediante. A estas alturas ya sabemos quiénes sí y quiénes no. También que el encuentro con el otro es más frágil de lo que hubiéramos querido.

La vida no era esto.

Sabíamos vivir bien. A pesar de las trampas y los disgustos, de los errores y los engaños. Ahí estábamos, tomando decisiones. Porque elegir también era vivir. O viceversa.

¿Cuándo los extremos se hicieron más lejanos?

Vivir como si no hubiera mañana, o sacrificar vida por responsabilidad. Los sacrificios también pesan. La imaginación va haciéndose pequeña, tomando la forma de las cuatro paredes que nos habitan. ¿O era al revés?

Diez años ya.

No hubiera podido imaginar hace un año que estaríamos así, sin poder celebrar los años de oficio textil de cerca. Todo tan lejos y con un paisaje herido.

Los lugares a los que regresar se siguen acumulando.

Me falta París como nunca. Como no imaginé que lo añoraría tanto sólo un año después. Porque no era sólo un lugar al que regresar, París siempre fue mucho más. Lo sigue siendo.

París volverá a anticipar la primavera y a colorear los otoños. Y mientras, podemos seguir soñando, imaginando sus rincones y escribiendo todas las historias que, quizás, podamos acabar rozando algún día.

La escritura cárcel arranca. Es la vida que dejamos en suspenso mientras seguimos arañándole días al calendario.

BSO. All the world is green. Versión Birds on a wire.

103. 2021 de dicotomías y …

dicotomía

Del gr. διχοτομία dichotomía.

1. f. División en dos partes.

2. f. Práctica condenada por la recta deontología, que consiste en el pago de una comisión por el médico consultante, operador o especialista, al médico de cabecera que le ha recomendado un cliente.

3. f. Bot. Bifurcación de un tallo o de una rama.

4. f. Fil. Método de clasificación que consiste en dividir en dos un concepto sucesivamente.

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Este 2021 arrancó con un peso, color plomo, que no fue suyo.

Expectativas colmaron las mesas de un pasado reciente, destello mágico. Como si fuera el año, y no nosotros, quien lo construye. Palmo a palmo, paso a paso, y también, en la calle, codo a codo, somos mucho más que dos. *

Así nos convertimos en fracciones. El universo pudo ser infinito, pero dejó de mirarnos porque no saldríamos mejores, no. Nos llenamos de la garganta de silencio, de luces y sombras. Nos las bebimos todas hasta arrancarnos la piel muerta y, ventilamos una vez más.

Las calles volvieron a llenarse, más que antes. Cuando la vida palpitaba en una sola sintonía. Así, con la letanía de instrucciones incumplidas, se quejan de indecencias quienes las siguen acumulando.

Y los dioses, agotados, se echaron a dormir Dejaron un rastro de plomo, ése por el que entró el 2021. Arrastrándose, también pasó el anhelo de un Godot puntual. Lo hizo después de devorar a Gargantúa y dejarle los restos a Pantagruel. Así, colina abajo, lo esperaría una vez más Caronte sin poder mirarlo a los ojos. Sólo vio el resplandor que dejó en sus huellas. Lo que no sabía, era que aquel brillo, no era más que aluminio, tan barato como las intenciones de segunda que fue acumulando entre las sombras.

Pero bajo las aguas negras, había más plomo, ése que pocos recordaban. La metralla de demasiadas batallas que aprendieron a convertir en provecho. Y, buceando; lo desconocido. La incertidumbre nos siguió devorando. Mientras algunos lucharon por convertirla en plata u oro. Seguir batallando, aunque otros siguieran negándola.

La solidez del plomo burbujeó bajo el humedal. Como si fuera la primera luz del amanecer, salpicó como una copa de champagne. Lejos de allí, en algún rincón a punto de extinguirse, estaba la sed dorada de Saturnine, que escribió Amélie Nothomb. Allí, a punto de beber la primera y última copa de un año que casi, no existió. Se desvistió de tanta sobriedad para empezar el año envuelta en oro, de aquel color asintótico que regresaría para llenar de luz y optimismo un año que, seguiría en manos de quienes seguimos escribiéndolo, palmo a palmo, paso a paso y, claro, codo a codo.

*Poesía “Te quiero”, de Benedetti.

alquimia

Del ár. hisp. alkímya, este del ár. clás. kīmiyā[‘], y este del gr. χυμεία chymeía ‘mezcla de líquidos’.

1. f. Conjunto de especulaciones y experiencias, generalmente de carácter esotérico, relativas a las transmutaciones de la materia, que influyó en el origen de la química.

2. f. Transmutación maravillosa e increíble.

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BSO. Yumeji’s theme.

La señora Woolf en su aniversario, tenía razón;
“no se puede encontrar la paz evitando la vida”

The moon is yellow silver.

Tom Waits.

102. Feeling blue, 2020.

azul

Quizá alterac. del ár. hisp. lazawárd, este del ár. lāzaward, este del persa laǧvard o lažvard, y este del sánscr. rājāvarta ‘rizo del rey’.

1. adj. Dicho de un color: Semejante al del cielo sin nubes y el mar en un día soleado, y que ocupa el quinto lugar en el espectro luminoso. U. t. c. s. m.

2. adj. De color azul.

3. m. poét. cielo (‖ esfera aparente que rodea la Tierra).

azul de ultramar, azul ultramarino, o azul ultramaro

1. m. Lapislázuli pulverizado que se usa mucho como color.

2. m. Materia colorante que se fabrica para sustituir al azul de ultramar.

azul celeste

1. loc. adj. azul claro. Apl. a color, u. t. c. loc. sust. m.

azul de mar

1. loc. adj. azul de matiz más oscuro parecido al que suelen tener las aguas del mar. Apl. a color, u. t. c. loc. sust. m.

ceniza azul

príncipe azul

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Azul.

Año azul.

Color coronado como pocos, Pantone acertó con el color, aunque errara el tono.

Nunca la moda había sido tan intrusiva. La moda, según la estadística, es el valor de mayor frecuencia en la distribución de datos. Es decir, lo que estamos viviendo con el azul quirúrgico. Qué lejos parece el tono Atlántico.

Estos meses se han llenado de tantas esperanzas como esperas, de ilusiones y desilusiones. Hemos bebido de una nueva versión de la soledad. Hemos aprendido del silencio como del ruido, y, sin embargo, ¿por qué sigue sabiendo amarga tanta incertidumbre?

Póngame otra ronda, Deep blue sea.

Y las canciones se vuelven azules, los besos se enfrían casi tanto como los abrazos que no nos damos. Vidas congeladas mientras el mundo gira en dos tiempos.

El azul quirúrgico se empaña: tapándonos la boca, lo que decimos, pero, sobre todo, lo que se nos atraganta. El vaho nos humedece los labios y lo que callamos -por aquello de un respeto- empieza a diluirse como la leche fría en el té. Como serán muchas relaciones después, después de tanto ego.

Porque el ego se empacha, llena las ciudades, se beba a sí mismo o se emborrache de justificaciones.

Las emociones que no se expresan, no mueren: son enterradas vivas y emergen después de las peores formas.”

Sigmund Freud.

Suyo, del azul quirúrgico -y alguna excusa de más- ha sido el año. Sin duda.

Lo que no sabíamos, cuando enero se tiñó de blues -de azul- Atlántico, era la fiereza de lo que era feeling blue.

BSO. Feeling Blue. Paul Desmond, 1996.

Feliz, sano y próspero 2021, entramados.

101. De necesidad.

necesidad

Del lat. necessĭtas, -ātis.

1. f. Impulso irresistible que hace que las causas obren infaliblemente en cierto sentido.

2. f. Aquello a lo cual es imposible sustraerse, faltar o resistir.

3. f. Carencia de las cosas que son menester para la conservación de la vida.

4. f. Falta continuada de alimento que hace desfallecer.

5. f. Peligro o riesgo ante el cual se precisa auxilio urgente.

6. f. Evacuación corporal de orina o excrementos. U. m. en pl.

de necesidad

1. loc. adv. necesariamente. Herida mortal de necesidad.

de primera necesidad

1. loc. adj. Dicho de una cosa: De la que no se puede prescindir.

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Después de meses de circunstancias excepcionales -de excepción, por supuesto- ¿seguimos siendo los mismos? ¿Necesitando lo mismo?

Hagamos repaso.

De marzo a noviembre. ¿Hemos perdido algo por el camino? ¿Y ganado?

¿En qué medida se valoran?

Ahora sabemos que esto durará más de lo que imaginábamos entonces. Que habrá que tomar aire y seguir respirando en esta carrera de fondo. Que seguirá habiendo malos momentos, otros peores y esperemos que sean los menos, pero serán. Que algunos abrazos se están haciendo de rogar demasiado y que se nos empieza a hacer muy larga esta película distópica. Pero, después de todo ¿seguiremos creyendo en las utopías?

Las utopías pueden ser esas necesidades secundarias por las que seguir luchando, ésas que seguir deseando sin que las pequeñas derrotas cotidianas nos hagan rendirnos.

Porque ahí, ahí es donde la curiosidad, la imaginación y el pensamiento soplan más y más fuerte. Alimentados por la cultura; la música, la literatura… y también por el silencio. O al menos, la ausencia de ruido.

Porque igual que la sociedad se empeña en normalizarlo todo, menos estar rota. Eso no significa que no se trabaje en mejorar, pero tampoco estigmatizar sentirse mal. Y no, que no signifique instalarse en el sufrimiento, sólo admitir que podemos rompernos. Nos falta aprendizaje oriental. Desde el Wabi-sabi; entender y aceptar la imperfección, hasta el Kintsugi; hacer de las grietas, belleza, o el arte de reparar heridas. Que esa transformación, alimente. Porque en esta vorágine de cambios, de normalidades diversas, de necesidades básicas cubiertas ¿dónde quedan las emocionales?

El ser humano puede ser tremendamente previsible, pero también, dejar de serlo. Ni todos somos iguales, ni mucho menos las circunstancias son y se manejan de forma similar.

Lo que para un vecino puede ser y verse de un modo, no para quien viva pared con pared. Ni todos los refugios se pagan ni se compran. Mucho menos se entienden, a la vista está.

El calor humano es, por supuesto, una necesidad. Quizás no del modo gregario que se nos presupone, tal vez lo sea de un modo más profundo y comprometido. El mismo que puede convertir el mundo en hostil por el esfuerzo que muchas veces se acentúa con relaciones superficiales que también se han evidenciado estos meses.

Lástima no equivocarnos. Porque no, esto no nos hizo mejores como colectivo. Incluso, en ocasiones diría que lo contrario, evidenció más egoísmos y menos conciencia. Se pensó mucho en lo global y poco, muy poco, en los sujetos. En los individuos. En los solitarios. Aquellos que, fuera del consumo, parecían no interesar. Nada nuevo. Seguiremos sin ser un pack familiar de supermercado. Y se seguirá señalando lo que se sale de lo establecido. Y no porque no tengamos necesidades en lo social, simplemente, porque son distintas. Sin embargo, no queda lejos tampoco la decepción: descubrir que quienes no esperamos, forman parte de ese colectivo que cree que las normas y restricciones son para otros. No nos engañemos, la responsabilidad y la coherencia, siguen siendo valores caros para quienes viven barato.

No, la gente no acepta que, uno tenga su propia fe.

Y así seguimos, cher Brassens.

BSO. Ombra mai fu (nunca fue una sombra). Händel. Andreas Scholl.

Cada 22 de noviembre es un texto homenaje, al día de la música y al abuelo.

100. Ciento -y volando-.

Aleksandr Rodchenko Escalera de incendio -1925- y Escaleras -1929-.

Cien. Apóc. de ciento.

1. adj. Diez veces diez. Cien doblones. Cien años. U. t. c. pron. —¿Cuántos alumnos tiene? —Cien.

2. adj. ponder. Expresa una cantidad indeterminada. Te lo he dicho cien veces.

3. m. Número natural que sigue al noventa y nueve. El cien es su número favorito.

4. m. Conjunto de signos con que se representa el número cien.

a cien

1. loc. adv. coloq. En o con un alto grado de excitación. Poner a cien. Ir a cien.

cien por cien

1. loc. adv. En su totalidad, del principio al fin.

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Cien jacas caracolean.

Sus jinetes están muertos. 1

Cien veces yo te he visto echar semillas en la tierra

-negro sin tierra-. 2

de la luz de cien incendios pavorosos,

de cien soles fulgurantes… 3

Cuando armó las cien manos belicosas,

Tifeo con cien montes, insolente, 4

cien veces me ofreciste tu sombra en el verano;

cien veces tu perfume fue a visitar mi casa, 5

he navegado en cien mares,

y atracado en cien riberas. 6

Cien cabezas humanas

tintadas de rojo, anillaron el fuego. 7

tiene otros cien mil dentro del pecho

que alternan su dolor por su garganta; 8

Palacio de oro y oro donde habita una maga

que ha dormido cien años por maldición aciaga. 9

¿Qué pensarán de mi sombrero,

en cien años más, los polacos? 10

Ciento -y volando- los versos que se escapan con el viento, con el tiempo, el que arruga las costuras, que las desenreda. Y se llenan de ausencias. Las que no se nombran. Las que no tienen voz. Se la zurcieron a la sombra de su sombra, con verbo debido.  Remendaron los jirones en los que se convirtieron los trapos que desvisten. De arriba abajo y viceversa. Ya no eran más que eso, trapos; ni cubrían ni escondían las miserias. Quedaban al aire, como heridas abiertas.

Fueron tantos días como puntadas, y como puntadas, textos. Se engancharon en cada palabra muda, en cada verso escondido. Muchos murieron de tanto silencio. Otros, empujaban fuerte por salir. Sí, una vez más se bordaban como quien sutura una vieja herida.

Ella llevaba muchas a sus espaldas, propias y ajenas. No sabía si fueron cien, más o menos. No las contó. ¿Para qué? Pensó. Quizás tuviera razón.

Las soltaba como un náufrago lanzaba mensajes en botellas de ron vacías. Con la misma ilusión y esperanza. Escribió un anhelo que no conocía. Con hambre atrasada. Con la que zurcía harapos que otros hacían prenda y bandera. Ésas que se deshicieron cuando faltó el futuro. Se fueron volando como las promesas rotas que nunca existieron. Más de cien mentiras, pensó. Aquellas que seguían alimentándose de ausencia, como cien sonetos pasados por agua. Empapados. Arrugando las costuras que negaron tantas veces su nombre. Y el suyo. Y el de ella. Todas. Y ninguna.

Día de las Escritoras. Por todas. Por sus nombres y sus voces.

Cien textos Entramados.

¿Adivinan qué falta?

1 Poema “Muerte de la petenera” de Federico García Lorca.

2 Poema “negro sin nada en tu casa” de Manuel del Cabral.

3 Poema “Vade Retro” de Pedro Bonifacio Palacios.

4 Poema “parnaso español 23” de Francisco de Quevedo.

5 Poema “el árbol viejo” de José Ángel Buesa.

6 Poema “He andado muchos caminos” de Antonio Machado.

7 Poema “Camp-fire” de Alfonsina Storni.

8 Poema “Con diferencia tal, con gracia tanta” de Góngora.

9 Poema “El sueño” de Alfonsina Storni.

10 Poema “qué pensarán de mi sombrero” de Pablo Neruda.

Exacto, más de ellas.

Aleksandr Rodchenko almuerzo en la cafetería de la fábrica -1931-.

BSO. Peaky Blinders.

99. Peleas imaginarias.

Mario Benedetti / Agatha Christie.

14 de septiembre de 1920 / 15 de septiembre de 1890.

100 años / 130 años.

Suena el murmullo de celebración. Dos grandes de la literatura sobre el cuadrilátero.

La Reina del Crimen contra el autor de sensibilidades diversas. A un lado, a los ciento treinta años de su nacimiento, Agatha Christie; al otro, estrenando centenario, Mario Benedetti. Aún hay quien duda de quién fue peso pesado y quién peso pluma.

El primer golpe lo lanza la autora más vendida, poniendo un muerto sobre el ring.

“El cuerpo…, la jaula…, es de lo más respetable, pero el animal salvaje aparece detrás de los barrotes.”

Asesinato en el Orient Express. A.C.

El escritor uruguayo se acerca tratando de sobreponerse, también a la propia angustia. Disecciona, una a una, las pistas que Christie ha enredado en el cuerpo, ésas que Benedetti convertirá en crónica novelada o en poesía.

“Convencerse de que morir no es después de todo tan jodido si se muere bien, si se muere sin recelos contra uno mismo.”

Primavera con una esquina rota. M.B.

Cada uno carga con sus caídos, también con sus faltas, y con los que vendrán. Lo saben, igual que muertos, hay de muchas formas. Desde un texto inacabado, una idea sin final, o alguien sin rostro, que existe porque ambos lo miran, porque lo escriben.

“Lo imposible no puede haber sucedido; luego lo imposible tiene que ser posible, a pesar de las apariencias.”

Asesinato en el Orient Express. A.C.

Benedetti estudia a su oponente: Christie, lectora voraz desde su -muy feliz- infancia, rodeada de mujeres fuertes e independientes, se reflejaría en su propia vida. Estudió en París, y regresó a Inglaterra donde conoció al que se convirtió en su esposo, Archibald «Archie» Christie. Al estallar la Primera Guerra Mundial, fue enviado a Francia. Y ella, no desaprovechó su aprendizaje de enfermera acerca de los venenos que influyeron en su obra. No tardó en presentar a su famoso detective Hercule Poirot con la publicación de su primera novela, El misterioso caso de Styles.

Así, el uruguayo itinerante, responde al golpe de su contrincante con:

“Están en algún sitio/ concertados,

desconcertados/ sordos,

buscándose/ buscándonos.” 

Desaparecidos. M.B.

Christie se revuelve. No olvidó cuando, a finales de 1926, Archie le pidió el divorcio. Después de aquella discusión, él se fue a pasar el fin de semana con su amante a Surrey. Esa misma noche, ella desapareció. Encontraron su coche, un Morris Cowley, en Newlands Corner, con ropa y su permiso de conducir caducado. La prensa se hizo eco y se ofrecieron 100 libras de recompensa para encontrarla, secundado por las presiones del ministro del interior y sus seguidores. A pesar de los efectivos policiales y los recursos, no dieron con ella hasta once días después. La reconocieron como huésped del Swan Hydropathic Hotel donde estaba registrada con el apellido de la amante de Archie. Sin embargo, aunque pareciera una trama suya, no parecía reconocerlo ni recordar nada. No fue capaz de dar explicaciones al respecto. Se llevaría su verdad a la tumba.

El golpe de Benedetti fue directo a su memoria, a ese rincón que diagnosticaron como fuga psicogénica debida a una crisis nerviosa agravada por la muerte de su madre y la infidelidad marital.

“Las mujeres observan de un modo inconsciente mil detalles íntimos, sin saber lo que hacen. Sus subconscientes añaden esas cositas unas a las otras y a eso le llaman intuición.”

El asesinato de Roger Ackroyd. A.C.

Benedetti recibió el golpe con entereza. La misma que vertió en sus textos: poeta, dramaturgo y periodista uruguayo de la Generación del 45. Pensó en la intuición que, quizás, marcara su obra y su vida. Como su renuncia a su cargo en la universidad después del Golpe de Estado en Uruguay en 1973 o su exilio a Buenos Aires debido a sus posiciones políticas o después en Perú, donde fue detenido, deportado y amnistiado. Más tarde pasó por Cuba y Madrid. Así estuvo diez años alejado de su tierra, pero también, de su esposa, de sus intuiciones cotidianas que se quedaron con ella en Uruguay al cuidado de sus madres.

“Después de todo, yo también quedé fuera del país. Yo también añoro lo que vos añorás. El exilio (interior, exterior) será una palabra clave de este decenio.”

“¿Qué es este exilio sino otro nuevo comienzo? Todo comienzo es joven. Y yo, viejo recomenzante, rejuvenezco.”

 Primavera con una esquina rota. M.B.

Agatha Christie también viajó lejos de su hogar. Lo hizo con su nuevo marido, el arqueólogo Max Mallowan. Fueron a sus expediciones de Irak y Siria, donde se inspiró para nuevas novelas.

“Cásate con un arqueólogo. Cuanto más vieja te hagas, más encantadora te encontrará.” A.C.

“Te quiero como para leerte cada noche.” M.B.

Y entre reconocimientos y condecoraciones a páginas llenas, el duelo imaginario se va diluyendo, antes que asomen sus deterioros, antes que sus personajes los hagan hueco en algún lugar entre las letras y la imaginación.

Quizás, por ese motivo mudo, Agatha Christie nunca reuniera a Poirot y a Marple, al primero no le gustaría que una vieja le hiciera sugerencias, según su autora.

“¿Qué es el mal? ¿Qué es el bien? Las ideas sobre estos conceptos cambian de un siglo a otro.”

Telón.A.C.

“Aferrarse a la cordura puede ser una forma de delirio.”

“Ese desenlace natural, ese final obligatorio que es la muerte, tiene siempre algo de regreso. Vuelta a la tierra nutricia, a la matriz de barro… La muerte en el exilio es aparentemente la negación del regreso, y éste es quizás, su lado más oscuro.”

Primavera con una esquina rota. M.B.

Y con ese golpe, llegan al último asalto, y se declara el empate. Ambos regresan a sus textos, a las páginas que seguirán cumpliendo años, salvando su memoria.

Quizás su imaginación los hizo libres. O quizás, no tuvieran más remedio para estar vivos.

En recuerdo y homenaje a dos de las voces que me hicieron ver el mundo así, encontrar mi camino.

BSO. Leroy Anderson: Ritvélin (The Typewriter) Remington typemachine.

98. Despedidas. -polvo de estrellas-.

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despedir

  1. tr. Soltar, desprender, arrojar algo. Despedir el dardo, la lanza, la piedra.
  2. tr. Difundir o esparcir. Despedir olor, rayos de luz.
  3. tr. Apartar o arrojar de sí algo no material.
  4. tr. Alejar, deponer a alguien de su cargo, prescindir de sus servicios. Despedir al criado, las tropas. U. t. c. prnl.
  5. tr. Dicho de una persona: Apartar de sí a alguien que le es gravoso o molesto.
  6. tr. Acompañar durante algún rato por obsequio a quien sale de una casa o un pueblo, o emprende un viaje.
  7. prnl. Hacer o decir alguna expresión de afecto o cortesía para separarse de alguien.
  8. prnl. Renunciar a la esperanza de poseer o alcanzar algo. Despídete DE ese dinero.

 

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Racconto per un addio

          Non mi sono mai piaciuti  gli addii -disse la piccina mentre esprimeva un desiderio stringendo forte i pugni.

Ma non dirlo a voce alta o non si sarà avverato- disse qualcuno.

 

Sempre minaccianti, pensó anni dopo.

Le stelle cadenti furono testimoni di tanti desideri non avverati. Ma ce ne furono altri che forse per caso si furono avverati. Erano proprio quelli gli indispensabili,almeno per lei.

Passato il tempo pensava alla sciarpa rossa che non aveva mai avuto ed anche ad altri ricordi mai esistiti; perche mai non poteva essere lo stesso con i desideri?

Un pomeriggio d’ estate come tanti altri, tutti schiacciavano un pisolino pesante e afoso. Lei no.

Ci provó con tutte le sue forze, ma non poteva smettere di pensare al tatto dei tovaglioli rimasti sulla tavola, accanto alle bricioline di pane.

Si alzó senza farsi sentire. Li guardó un pó e poi li sistemò uno per uno,in base ai loro colori. Li osservava come stregata. I tovaglioli erano stracci smarriti, come lei stessa. Molti vennero scartati,altri rimasero nella scatola dei bottoni smarriti e dei frammenti di striscia ricamata. Quel tesoro che la piccina aveva ereditato da una prozia mai conosciuta ma sí imaginata.

Giocava con i tovaglioli come se fossero ali,scuotendone via le briciole. Spaiati,di colori, stampe e tessuti diversi.Condannati alla dissidenza o alla magica solitudine di una bambina di sette anni. Malgrado tutto,per lei erano particolari. Erano i testimoni di vestiti rattoppati da una sarta, di prove per tendine che finirebbero sbiadite, di pezzi di cappotti in passato riscaldanti, di lenzuola per una casa al

mare, persino del pigiama di qualche bambina che giocasse con stracci nell’ altra parte del mondo.

Quello che non poteva immaginare é che, mettendo insieme i pezzi,questi diventerebbero un tappeto magico. Uno che la farebbe volare ovunque, almeno per una volta, ma non soltanto a un luogo preciso,anche a un certo momento scelto da lei, anche se non fosse veramente accaduto. Se lo avesse saputo si sarebbe messa a pensarlo forte, con i pugni stretti e lo sguardo fisso. Cosí, smettendo  di carezzare quelli tessuti  stregati l’ incantesimo sarebbe rotto. Una cosa del genere accadde quando sentí nel corridoio i passi del padre che si avviava e dopo quelli di tutti  gli altri .La tranquillità  é finita, pensò.

Quella era la  notte perfetta per le Perseidi o almeno cosí dicevano le notizie. Lei aveva già pronti un paio di desideri,anzi due,mica uno non sbagliasse, si disse. Ma non poteva esprimerli a voce alta, mica non si avverano,come veniva sempre ribadita. Ma la piccina bruciava dalla voglia di condividerli, non le piaceva tenerseli,i segreti, e meno ancora quelli che,ne era sicura, farebbero strappare qualche sorriso. Ma un no é sempre un no, diceva sua zia,quella che lei s’era inventata con storie altrui. Rimase concentrata tutto il pomeriggio per non rivelare i suoi desideri,così concentrata che in qualche modo questi iniziarono a fuoriuscire attraverso la sua pelle, come se fossero cuciti agli stracci con i quali non smetteva di giocare, componendoli come pezzi di un puzzle; come se potessero sentirla.

E forse potevano.

Era notte fitta. Tutti guardavano il cielo lanciando in aria i loro desideri muti dalle finestre aperte.

Lei non aveva bisogno di tutto questo per vedere le stelle cadenti,per continuare ad inventare desideri. Inosservata da tutti, decolló  come una cometa. Chissá  perché lei veniva da un’ altro pianeta, chissá perché era il momento dell’ addio, d’ iniziare il volo.

Sapevano che in fondo, lei era di passaggio. E lasciò indietro poche parole, quelle che non ebbe il tempo di dire: grazie per il tempo,per esserci incontrati.Tutti gli altri quando si svegliarono riuscirono soltanto, malgrado la malinconia,ad augurarle un buon viaggio. Dicono che quella notte apparvero le più belle stelle cadenti.

Dei desideri lasciati nessuno osò parlare.

 

Racconto in omaggio a Riccardo.

Per lui, Maria ed Eleonora.

 

          Nunca me gustaron las despedidas. – dijo la pequeña mientras pedía un deseo apretando fuerte los puños.

          Pero no lo digas en voz alta, o no se cumplirá. – dijo alguien.

Siempre amenazando, pensó con los años.

Las estrellas fugaces fueron testigo de muchos deseos que no se cumplieron. Pero, los hubo que, fuera casualidad o no, sí lo hicieron. Aquellos eran los imprescindibles, al menos, para ella.

Con los años, pensaba en una bufanda roja que nunca tuvo, así como otros recuerdos que no existieron ¿por qué no podría ser también con los deseos?

Una tarde de verano, como tantas otras, todos dormían una siesta pesada, pegajosa. Ella no. Lo intentó, con todas sus fuerzas, pero no dejaba de pensar en el tacto de las servilletas que quedaron sobre la mesa junto con las miguitas del pan.

Se levantó sin hacer ruido.

Las estuvo mirando un rato, y después, las colocó una a una por colores. Observaba como si estuviera hechizada.

Las servilletas fueron retales, tan sueltos como ella. Muchos fueron despojos, otros quedaron en la caja de los botones dispersos, de fragmentos sueltos de tira bordada. Aquel tesoro que la pequeña heredó de una tía abuela que no conoció y se dedicó a inventar.

Ella jugaba con las servilletas como si fueran alas, sacudiéndolas de las migas.  Desparejadas, de distintos colores, tejidos y estampados. Condenadas a la disidencia, o la mágica soledad de una niña de siete años.

Pero, a pesar de todo, para ella eran especiales.

Eran los testigos de vestidos que alguna modista remendó, las pruebas para alguna cortina que acabaría desgastando sus colores, las sobras de los abrigos que calentaron años atrás, las sábanas de una casa de playa, incluso, el pijama de alguna otra niña que quizás también jugara con sus trapos al otro lado del mundo.

Lo que no podía imaginar, era que, uniendo los trocitos, se convirtieran en una alfombra mágica. Una que le haría volar donde ella quisiera, al menos, una vez. Pero, más aún, no sólo a un lugar, también, a un momento que eligiera. Hubiera sucedido o no.

De haberlo sabido se hubiera puesto a pensar muy fuerte, con los puños apretados y la mirada concentrada. Y así, se hubiera roto el hechizo, dejando de acariciar aquellos tejidos mágicos.

Algo así como lo que ocurrió cuando oyó, en el pasillo, la voz de su padre poniéndose en marcha. Y después de él, vinieron los demás. Se acabó la calma, pensó.

Aquella noche era la mejor para las Perseidas. O eso decían en las noticias. Ella ya tenía un par de deseos preparados. Al menos dos, se dijo, por si el primero fallaba. No podía decirlos en voz alta, porque, entonces, no se cumplían. No paraban de insistir. Pero la pequeña, se moría de ganas de compartirlos. No le gustaba guardar secretos, y menos aún, aquellos, que, estaba segura, arrancarían más de una sonrisa. Pero no. Y si es que no, es que no. O eso al menos, decía su tía. Ésa a la que se fue inventando con las historias ajenas.

Estuvo toda la tarde tan concentrada en no revelar sus deseos que, de algún modo, se le fueron filtrando a través de la piel. Como si los hubiera cosido a los retales, con los que no dejaba de jugar y ordenó como un puzzle. Como si éstos, pudieran escucharla.

Quizás lo hicieran.

Era noche cerrada. Todos miraban al cielo, lanzaban deseos mudos al aire, con las ventanas abiertas.

Ella no lo necesitaba para ver estrellas fugaces. Para seguir inventando deseos. Y sin que nadie la viera, despegó como un cometa. Quizás porque fuera de otro planeta, o tal vez porque era momento de despedirse, de salir volando.

Sabían que, en el fondo, estaba de paso. Y dejó detrás pocas palabras. Las que no tuvo tiempo de pronunciar: Gracias por el tiempo, por habernos conocido.

Los demás, al despertar, a pesar de la añoranza, sólo pudieron desear buen viaje.

Cuentan que aquella noche, se vieron las más bonitas estrellas fugaces. De los deseos que dejaron detrás, ya nadie se atrevió a hablar.

Cuento homenaje a Riccardo, para él, a Maria y Eleonora.

Muy agradecida al señor Arturo M por la traducción.

 

BSO. Senza Fine, Gino Paoli.

97. A- normalidad (que no autenticidad).

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normalidad

  1. f. Cualidad o condición de normal. Volver a la normalidad.

 

normal

Del lat. normālis.

  1. adj. Dicho de una cosa: Que se halla en su estado natural.
  2. adj. Habitual u ordinario.
  3. adj. Que sirve de norma o regla.
  4. adj. Dicho de una cosa: Que, por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano.

 

Real Academia Española © Todos los derechos reservados

 

¿Qué es eso que llaman normal?

¿Qué nos convierte en norma-les?

Se aspira a una normalidad que, quizás, no sea más que una entelequia. Una ilusión, un espejismo donde disimular fallas, ésas que no son más que las cicatrices que nos hacen humanos.

¿Por qué tanto en empeño en camuflarlas, en camuflarse?

¿De dónde nace esa necesidad de normalizarlo todo?

Todo, sí, incluidos: sentimientos, miradas, vidas.

Años de mensajes en una dirección no desaparecen en un parpadeo. Aunque, al fin, convivan con realidades divergentes. Las hay que, incluso, parten de esta sociedad mercantilizada, donde el marketing, en dirección -obstinada y- contraria: busca la diferencia en un mundo de aplastante normalidad, cuando la realidad parece clonarse a sí misma, y no en las virtudes.

Ya lo cantaba Brassens “no, a la gente no gusta que, uno tenga su propia fe”.

¿Así seguimos?

 

La normalidad se convirtió en elogio paradigmático frente a cualquier tipo de cuestionamiento incómodo. Por tanto, ¿es lo normal excluyente?

Cabe pensar que sí. Quizás una exclusión pasivo agresiva que se alimenta de un reflejo distorsionado.

Porque, cada uno somos normales a nuestra manera. Es la mirada del Otro la que nos constituye en una a-normalidad que quizás, no sea más que un reflejo.

Que lo habitual sea normal es estadística, donde también hay trampas.

Trampas de todos los colores y sabores, a elegir: de quienes se conforman o les falta valor de ser quienes verdaderamente sienten que son. Porque la sociedad da mensajes contradictorios: tienes que ser tú mismo, -pero si no eres demasiado fuera de lo común, entonces, mejor esfuérzate en que no se te note demasiado-.

¿Aún? Sí, aún. La autenticidad no es un valor barato.

Lo habitual, o normativo como se dice actualmente, no debería descartar el resto de opciones. Porque, aunque no se miren, existen.

Quizás, algún día, la normalidad no sea más que la propia mirada, sin justificaciones.

Porque lo que para mis vecinos es tremendamente normal, para mí puede no serlo. La clave está en respetar el espacio ajeno. No invadirlo. No imponerlo.

Así pues, dicen que volvemos a la normalidad, sea nueva o no, pero ¿existió alguna vez?

 

Para quien hace alunizar en la autenticidad.

BSO. Nana Blues. MOON LANDING.